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CÓOOOMO? ME ESTÁ DICIENDO VIEJA?

El otro día estaba en una cola en el banco y delante mío estaba una mujer joven con una bebe recién nacida.

La niña no paraba de llorar y al parecer no tenía cambio de planes, el llantén más bien iba incrementándose.

Y es que era tan monótono y cansón, que una de las personas gritó "apaguen ese taladro", después de risas y comentarios que estallaron al unísono.

La madre desesperada, le daba el chupón, después el tetero, le sonaba un sonajero -tan duro-, que pensé que le abriría la cabeza, y ya por último la mecía en brazos, dando unos saltitos cada vez más virulentos. Trataba de arrullarla, mientras que con risitas nerviosas se disculpaba, por alterar el orden público.

Yo le decía que no se preocupara y que no era culpa de ella, pero que si me permitía darle un consejo, se lo daba con gusto.

Ella se me quedó viendo y me dijo que adelante, que le dijera.

No sabía por donde empezar, pero me latía que si la niña estaba molesta, y al parecer no era hambre, ni fiebre, (ni ninguna otra dolencia), podría ser por el gancho, el cintillo y la bandana, (todos juntos), que a la pobre le ocupaban las tres cuartas partes de la cabeza.

Les confieso que nunca he estado de acuerdo, en esa loca manía, que tienen algunas mamás por querer demostrar que tienen una niñita, por lo que la atiborran de cuanto accesorio existe, para no dejarle un sólo pelo vivo, no sea que crean que es varón.

Entiendo perfectamente que hay que diferenciarlas, pero será que por eso hay que guindarles todo lo que consigan? Ganchos y lazos en forma de mariposas, pájaros, flores y creo que hasta con grama y un nido en lo alto. Es una cosa de locos.

Un detallito, me encanta, pero lo que no me parece es que no sea Carnaval y la disfracen de Celia Cruz.

Si esa bebé tuviera la fuerza de darle un buen bofetón a la madre, se lo daba con gusto, después de ponerle todos sus irritantes ganchos y gritarle "ahora es tu turno de chincharte".

No tuve problema en decirle, que por qué no probaba despojándola de todos esos artilugios decorativos y ella sólo me dijo "Eso no es lo que le molesta, lo de ella es sueño y por eso llora".

Por supuesto hice mutis, no le dije ni pío (hablando de pajaritos y nidos), y me dispuse muy callada a seguir haciendo mi cola, mientras anotaba de qué trataría mi próximo blog.

La niña seguía martirizándonos con sus lloros quejumbrosos. Creo que a todos nos daba "no sé qué" oírla, porque además, se estaba quedando ronca.

Algunos propusimos que esta mujer nos adelantara en la cola, para agilizar su diligencia, pero muchos se hicieron los desentendidos y al final, entre una cosa y otra, nadie la dejó pasar.

La verdad que la cola era mortal y cuando a alguien le llegaba su turno, no le importaban ni los gritos, ni los lloros de nadie, sino salir de ahí de ipsofacto.

En una de esas, que esta mujer trataba por todos los medios, de aplacar a la niña, comenzó a  buscar algo en la pañalera y me dije "esta es la mía".

Fue un atrevimiento de mi parte, que mientras ella estuviese entretenida, me valiese de la impudicia y del descaro (que de vez en cuando es oportuno emplear) para despojar a la niña de ese martirio capilar, que parecía infiltrarse a través de sus sienes, corroyéndolas.
Le quité el lazo, le medio sobé con cuidado la cabecita, (supongo que roja y adolorida de aquel karma) y fue impresionante que dejara de llorar.
Es que no se la oyó más, silencio, paz.

"El taladro" finalmente había cesado sus funciones y la madre, igual de sorprendida que yo, se volteó a escudriñarme y sólo fue capaz de decirme. "Porfa me puede dar el lazo". Le dije, "claro, disculpa el atrevimiento, pero es que estaba segura que era eso lo que la tenía así."
Ella no dijo más nada, justo era su turno y después que salió, la gente me hizo comentarios aprobando mi moción.

Sin embargo fue un señor, quien me dijo "Seguro usted tiene hijas y por eso supuso que ese gancho le molestaba tanto". Me reí y le respondí, "no señor, tengo puros varones y me acuerdo que una vez el grande lloraba muchísimo y alguien me dijo que podían ser los zapatos. Le dije que probaría quitándoselos y cuando lo hice, el niño se calmó.

Y entonces él respondió, "Por eso yo siempre digo, que el que no oye consejos no llega a viejo".
CÓMOOOO? me está diciendo vieja???

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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