Accesibilidad comprometida
27-Ene 10:14 am
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A pesar de algunas mejoras para moverse a pie por estas calles, es obvia la falta de unidad de criterios y acciones, incluso dentro de un mismo municipio
Juancho Pinto
Es fácil percibir los criterios de accesibilidad en
Campo Alegre: los de movilidad son incluyentes (pasos demarcados,
rampas peatonales), ello gracias a la inversión pública; los otros
(social, cultural y no digamos económico) no se incluyen tanto. Si
no fuese por los niños y adolescentes de una escuela pública vecina
que a ciertas horas corretean por el paseo, sería como estar en La
Lagunita, pues la calle parece de uso exclusivo de los residentes de
esta costosa zona. Como consecuencia, su paseo resulta más bien un
solitario claustro vecinal y no el generoso espacio público de
escala municipal o metropolitana que merece el hermoso diseño de
Mujica Millán.
A pocas cuadras, entre San Marino (apéndice de Campo Alegre, en estilo loft)
y el casco de Chacao, la zonificación marca la frontera y las
diferencias son inversamente proporcionales: la calle toma vida,
mixtura y aparece lo diverso, pero las rampas empiezan a escasear,
las aceras se deterioran y el flujo de gente las hace sentir
estrechas.
La avenida Francisco de Miranda está muy bien en cuanto a aceras, rampas
y demás, no así la Libertador que en ese tramo (usado de forma
regular por los de a pie como atajo a El Rosal) carece de todo, pues
la decisión obvia ha sido priorizar el flujo automotor en vez del
paso peatonal para la gente que constantemente cruza la vía sin
semáforo ni rayado a su favor.
En El Rosal las torres financieras marcan un ritmo de rápida transacción
con el entorno, no hay muchos espacios para lo no laboral. Muchos
edificios públicos se han enrejado. Vuelve la idea de que la
accesibilidad esa facilidad para lograr el goce de la oferta urbana
desde múltiples perspectivas depende más de los usos privados que de
políticas públicas para la ciudad.
En Chacaíto se tiene la sensación de una ciudad más caótica, aunque
también más incluyente por toda su mixtura. Pero en Caracas hay
algunas cosas que no terminan de cambiar: los accesos (la
accesibilidad) al barrio Hoyo de Las Delicias parecen vedados: el
que da al bulevar, y el que quedó bloqueado tras el mercado de
minitiendas que lo separa del contexto urbano. Tampoco sorprende que
la plaza Las Delicias no tenga alrededor un solo rayado peatonal.