• Caracas (Venezuela)

Bernardo Sacchini

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Bernardo Sacchini

¿Por qué luchar por lo que nos pertenece?

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Las naciones se endeudan a futuro para financiar el presente. Este endeudamiento viene garantizado por el potencial de crecimiento de la economía de la nación, al menos eso es lo que indica la lógica y la teoría. No obstante, creo que fue Adam Smith que dijo que el endeudamiento es una transferencia de riqueza del futuro al presente, una especie de robo generacional. Quizá la palabra robo es un poco fuerte, dependiendo de en qué contexto uno lo vea, pero el endeudamiento nacional es sin duda alguna un préstamo que nosotros los jóvenes le otorgamos a los “adultos” para que inviertan por nosotros. Estos préstamos, como todo préstamo en un mercado competitivo, se otorgan en base a un análisis costo-beneficio. Si la expectativa de los beneficios es mayor que la expectativa de los perjuicios, el préstamo es entregado; por otro lado si lo contrario es el caso, el préstamo no debería ser otorgado.

En términos muy sencillos, seria racional para los jóvenes dar el préstamo a los adultos si ellos pusiesen ese capital a trabajar. Así en el momento del repago del préstamo el valor de los bienes que esas inversiones, en otrora, generaron es mayor que la deducción de los ingresos para el pago del capital e intereses adeudado; deducción que nosotros los jóvenes tendremos que hacer de nuestros ingresos cuando seamos “adultos”.

En un símil muy sencillo y simplificado, si hoy el gobierno se endeuda, por ejemplo, para invertirlos en construir carreteras que en el mediano a largo plazo conecten fluidamente a la nación y a sus integrantes, aumenten la producción, la productividad y hagan prosperar a la economía del país, el crédito fue bien utilizado. A nosotros jóvenes no nos quedaría más que recoger los frutos de esas inversiones y estar sumamente agradecidos con las generaciones pasadas por haber hecho tan buen uso adelantado de nuestros recursos. Posiblemente Adam Smith estaría equivocado en indicar que esto fue un robo generacional.

Por otro lado, si los recursos obtenidos del préstamo son empleados de manera ineficiente (subsidios, corrupción, fines políticos, etc.), llegaremos al futuro y no habremos heredado nada de valor producto de ese préstamo a nuestros antecesores. El dinero que les confiamos, como dicen por ahí, se esfumó. No tendremos nada que agradecerle a los que nos antecedieron, y más allá de aceptar que Adam Smith tenía razón y efectivamente existió un robo generacional, tendríamos que poner a los responsables ante la justicia. Fuimos víctimas de una gran estafa y la lástima es que los victimarios son nuestros mismos antecesores.

Existe un refrán que dice: “Dale un pescado a un hombre, y comerá un día; enséñalo a pescar y comerá toda una vida”. Somos un país que ha tenido la fortuna de tener uno de los estanques de peces más grande del mundo –nuestras reservas de petróleo– y que casualmente en los últimos años ha estado provisto de una inmensa cantidad de peces –dinero, en este caso de la renta petrolera. En vez deconstruir nuevos estanques para criar más peces (diversificar la economía),enseñar a pescar (trabajar por el dinero) y mantener nuestro estanque original, provisto por Dios, en perfecto estado (aumentar producción petrolera); nuestra estrategia, o bueno la de la “Revolución”, ha sido la de montar una pescadería  –estatizar– y regalar los peces –subsidiar el consumo, a tal magnitud que prácticamente ha extinto la población de peces actual y futura, o sea, la crisis en la que estamos metido y lo que viene. Nunca se nos ocurrió comprar, o inclusive mejor, construir unas cañas. ¡Vaya estrategia! Ah, por cierto esa pescadería también tiene cola ya que se está acabando el inventario de “pescado”.

Pero como indica el viejo refrán, hecho lo hecho, pasado mañana, el hambre seguirá. Nuestros antecesores (revolucionarios o no) fracasaron míseramente en enseñar a la gente a “pescar”.

Creo que puesto de esta manera, es obvio para el lector, que la bonanza petrolera y los ingresos futuros que han sido monetizados en el presente (que nos corresponden a nosotros, la generación futura), han sido empleados de una de las peores maneras posibles. Pero para ser completamente justo y objetivo, voy más allá. No todo es culpa de la Revolución, el robo generacional viene de antes. Viene de la que hoy se conoce como la cuarta república, ya que está claro que si no hubiese existido este robo generacional en la Cuarta, entonces estuviésemos gozando de los bienes productivos que hubiésemos heredado de ella y los que la lideraron, y quizá la quinta y sus líderes estuviesen, en el peor de los casos, todavía a unos años de distancia.

Pero no todo es negativo, yo tengo mi ilusión de que la nueva generación, nosotros los jóvenes (quitando a algunos que se dedicaron a robarles los ingresos futuros a sus contemporáneos) está destinada a mejores cosas –¿la sexta república? Capaz y esto ya está tomando forma, teniendo una gran cantidad de figuras públicas en el país por debajo de 30 años– algo que tiene que manejarse, por decir lo menos, con extremada cautela. De cualquier forma, tenemos que imponernos como protectores de lo que nos pertenece. Las promesas de los “adultos” para manejar los ingresos futuros de los jóvenes parecen estar invalidadas por la historia de los últimos 30 y pico de años. Es hora de nosotros, jóvenes, decidir ¿qué hacer con lo nuestro? Pero con poder viene responsabilidad. Al final tenemos que recordarnos que nosotros también vamos a tener que pedirle prestado a nuestros hijos. La pregunta es:¿queremos que ellos estén agradecidos con nosotros o que en el futuro nos tengan que entregar a la justicia?