• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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La venezolanidad como estigma

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Mientras los responsables de la seguridad ciudadana en los países europeos se devanan los sesos para encontrar una estrategia que permita detener los ataques asesinos a la población de a pie de parte de los fanáticos yihadistas, comienzan a aparecer indicios de que Venezuela pudiera estar involucrada en alguna forma de respaldo a los extremistas y radicales sirios que han estado perpetrando tropelías sangrientas en una serie de países de Europa, Asia y África.

De ser cierto lo que ya se comenta en el Viejo Continente, la Cancillería venezolana habría girado instrucciones a su representación consular en Damasco para que otorgara, de manera alegre, pasaportes venezolanos a ciudadanos sirios. Bastaría que en una investigación de alguno de estos horribles atentados aparezca uno o más protagonistas portando un documento de identificación de nuestro país para que el resto de los venezolanos aparezcamos como la escoria del planeta y con razón.

Sin tener arte ni parte en los conflictos que se cocinan en Siria, conflictos que se han traducido en ataques y crímenes masivos dentro de los países que son objetivos religiosos del Estado Islámico, seremos los nacionales de esta tierra de Bolívar catalogados de colaboradores o de cómplices de los radicales terroristas. Pasaremos a engrosar las filas de los indeseables y de los bárbaros del planeta.       

Algo similar ocurre en el terreno del narcotráfico donde también hemos pasado a ser protagonistas de un negocio que es lacra para la humanidad, la droga, pero que desde las filas revolucionarias se apoya y estimula no solo para beneficio propio, sino como una manera de envenenar a los enemigos “imperiales”. Cada día más y más testigos protegidos de Estados Unidos se animan a contar los detalles del involucramiento de fichas de nacionalidad venezolana en el comercio de drogas  de manera de obtener rebajas y beneficios en las sentencias que inevitablemente tendrán que afrontar por la comisión de tales delitos. También este será un estigma que llevaremos con vergüenza el resto de los venezolanos frente al mundo que nos mira con asco.

Ni hablar de las investigaciones que serán hechas en terceros países en torno a las cuentas bancarias de todos los venezolanos de bien. Hombres de negocio cabales o ciudadanos corrientes que son dueños de cuentas bancarias legítimas en el exterior estarán sometidos a una lupa inquisidora en busca de irregularidades. Todo ello porque han sido tantos los casos de lavado de dinero mal habido por parte de funcionarios públicos y han sido tan abultados y groseros los negociados por nuestras empresas estatales –Pdvsa incluida– que seremos todos igualmente marcados por la ignominia de la corrupción.

Tendremos que reconocer, con la cabeza gacha, cuando nos pregunten, que sí somos venezolanos, pero que nada tenemos que ver con el antro de corrupción en que otros han convertido al país. Rogaremos a Dios por que no nos crean del mismo material con el que están construidos los saqueadores de la nación o quienes montaron los criminales negocios que los enriquecieron superlativamente y enlodaron la patria. Sentiremos vergüenza de la naturaleza de nuestro sistema de justicia que politiza la aplicación de la ley y que fabrica pruebas para castigar a los inocentes, que sentencia sin juicio y que cierra los ojos frente a los desmanes y delitos de quienes nos gobiernan.

Pero sí. Llegará el momento, en un futuro no tan lejano, cuando de nuevo caminemos con el torso erguido y la honra recuperada, por haber conseguido desviar el desastroso rumbo al que nos ha condenado está equivocada y malnacida revolución….