• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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El turno del ELN

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Le llegó la hora al ELN. Ya estaba suficientemente empastelado lo que se ha dado en llamar el proceso de paz, lo que no es otra cosa que una etiqueta para hacer de unas negociaciones de desarme y perdón un término fácil de digerir para un país que ha atravesado las verdes y las maduras en su deseo de dotar a su población de un ambiente de calma dentro del cual desenvolverse.

En esta ocasión no nos pronunciaremos sobre las negociaciones que están teniendo lugar en La Habana. Es poco ya lo que puede hacerse para enderezar el rumbo de un proceso que nació con una tara genética y que el cansancio de toda una sociedad ha convertido en un asidero para alcanzar su sueño de vivir  en un ambiente de calma.

Con la excusa de conmemoración de los 50 años de la muerte del cura Camilo Torres la guerrilla del ELN armó todo un conjunto de acciones violentas cuyo objetivo final sería presionar el inicio de una mesa formal de negociación con el gobierno. El tiro le puede salir por la culata y terminar de ahogar el incipiente proceso que se pensaba iniciar con ellos y conseguir exactamente el resultado contrario. Una ofensiva tenaz de las fuerzas del orden y el fin temprano de tales conversaciones, incluso antes de nacer.
En los nueve departamentos de Arauca, Casanare, Chocó, Antioquia, Norte de Santander, Cesar, Cauca, Nariño y Valle del Cauca se presentaron innumerables incidentes buscando generar desorden y provocar presiones para que de su lado también se abra un proceso de tratativas.

Las conversaciones con el ELN no están consolidadas y lo que podría es generar una contraofensiva del Estado con lo que el proceso tendría un punto final. De hecho, hace una semana, desde Arauca, la directriz del presidente Juan Manuel Santos a toda la cúpula de la fuerza pública fue incrementar las operaciones contra el grupo insurgente. Santos dijo: “Se equivoca el ELN si cree que sus ataques allanan el camino a la paz. He ordenado intensificar operaciones”.

Tres días después, el ELN anunció en un comunicado el inicio de un paro armado en todas sus zonas de influencia. “Se pide a toda la población no acercarse a guarniciones militares o puestos de policía. ¡Máxima prudencia!”, escribió la guerrilla en Twitter.

Estas acciones registradas por la Defensoría del Pueblo y las denunciadas por las mismas comunidades son las que, según los expertos, ponen en la cuerda floja el proceso de paz y con las cuales la guerrilla del ELN busca ejercer presión.

Una mesa de diálogos con el ELN no será fácil –contrario a lo que se cree en el país–, porque esta organización subversiva tiene una agenda mucho más ambiciosa con la que se busca mostrar la imagen de una guerrilla grande, con fuerza y poder en los territorios.

Con el objetivo de concretar los diálogos gobierno-ELN, el ex presidente y ahora senador Álvaro Uribe Vélez hizo ayer una propuesta en el Congreso para concretar una fase pública de negociación.

“Como condición para comenzar el diálogo con el ELN, que esta organización se concentre en un sitio y cumpla con un cese de actividades criminales bajo vigilancia nacional e internacional. Eso sería una demostración de buena fe en las declaraciones en favor de la paz”.

La propuesta de una zona de ubicación es inviable, lo que sí sería posible es el inicio del desescalamiento de las confrontaciones como una manera de despejar el diálogo con esta guerrilla, cuya fase de exploración se ha adelantado desde hace más de un año y se cuenta con una agenda en 99% lista para ser discutida.