• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Las trapisondas de Samper

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Desde hace 19 años Ernesto Samper no puede entrar en Estados Unidos. Admito que si yo estuviera en sus zapatos viviría con malestar. Cualquiera que sea la escuela de pensamiento en la que uno milite no poder pisar suelo gringo, es una piedrita en el zapato. Y Ernesto Samper debe tener atravesado en la garganta ese capítulo oscuro de su vida desde 1996 cuando el Departamento de Estado anunció que el gobierno americano había decidido suspender su visado a ese país… hasta el sol de hoy…

Tal como lo vaticinara la conocida revista colombiana Semana, “el fantasma del financiamiento de su campaña lo perseguirá toda su vida”. Es esa enemistad con los estadounidenses, cocinada a fuego lento a lo largo de casi dos décadas, una poderosa motivación para que el ex mandatario neogranadino, que hoy calza los zapatos de la jefatura de Unasur, actúe de la manera torcida que ha adoptado desde que le fue entregada la conducción de la institución.

Es esa sola antipatía visceral en contra del norte lo que le hace evidenciar un descarado y entusiasta soporte a la revolución bolivariana, cuando lo que se espera de él, al frente de la unión, es una indispensable dosis de equilibrio y de sindéresis.  No es ni siquiera que existe algún género de identidad de doctrina entre Samper y los postulados abrazados por hijos del chavismo. Lo que transita por su mente, cuando se ubica desde su pedestal y sin miramiento alguno, en el lado de los rojitos venezolanos, es que con tal atrabiliario apoyo mete su índice en el ojo del gobierno gringo sin haber dicho “esta boca es mía” y, de alguna manera, le devuelve la pelota al “imperio”.

Eso y no otra cosa es lo que debe haber trotado en la cabeza del expresidente cuando, desde Quito y como secretario de la Unasur, decidió enviar a una comisión “técnica” a vigilar los comicios internos de la oposición venezolana – las primarias de la MUD– sin ni haber recibido la correspondiente invitación y sin siquiera haber efectuado la debida participación a sus dirigentes. Cuadró, entre gallos y medianoche, con el CNE, una visita de seguimiento a la justa eleccionaria opositora, quizá con el íntimo deseo de que la menguada organización que coordina comience a asumir las funciones de seguimiento electoral que aun hoy le corresponden a la OEA y a ningún otro organismo.

Nadie fue informado del propósito de la visita de los dos funcionarios electorales brasileños que en representación de la Unasur visitaron algunos centros de votación de la Mesa de la Unidad y nadie, salvo el oficialista CNE, sabrá del resultado de su unilateral observación.

Es un secreto a voces entre algunos países de la región, el malestar que está generando la actitud parcializada que el ex presidente colombiano ha decidido asumir en apoyo a las posiciones del gobierno venezolano, lo que le va restando autoridad en la misma medida en se va tornando flagrante el talante antidemocrático de ese mismo gobierno y que la violación de los derechos ciudadanos se vuelve asunto de todos los días en Venezuela.

Se juega Samper, con estas trapisondas, el resto de prestigio que le quedó del célebre Proceso 8000, el evento judicial más sonado de la historia de Colombia… mientras sigue sin poder pisar el suelo estadounidense.