• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

En tiempos de “diálogo”

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Unos cuantos tienen los cables pelados en Colombia. Pretender, como aspira la izquierda, a que el hombre más popular de Colombia hoy, Álvaro Uribe Velez, vaya a dar a la cárcel mientras Timockenko se prepara a sentarse cómodamente a debatir en el Congreso las leyes del país, es la más aberrante de las situaciones, más aun cuando ello se hace en nombre de la paz. Lo peor es que el gobierno le esté haciendo el juego a esta perversa aspiración cuando se exhibe en una actitud de franca sumisión frente a las exigencias y desafueros de las FARC en la mesa de La Habana. Mientras los capos terroristas fuman puros y se dan la gran vida en la capital cubana desde hace ya dos años, sus secuaces en Colombia siguen reclutando y ajusticiando niños, secuestrando ciudadanos y uniformados, volando instalaciones petroleras, y extorsionando a la gente del campo, los delegados de Juan Manuel Santos, deshojan la  margarita embelesados antes las supuestas buenas intenciones de los criminales que además tienen las ínfulas de presentarse frente al país como un ejército que durante 50 años ha estado defendiendo al pueblo y los derechos humanos mientras aspiran, ellos al igual que los familiares de 200.000 asesinados y cerca de 4 millones de desplazados, a recibir reparación del Estado. Razón tienen los colombianos que se manifiestan a través de las encuestas no compartiendo la bufonada que se ha estado armando en la mesa de conversaciones para una paz con sello Santos, en la que mayoritariamente el país no confía.

La guinda de la torta en la relación bilateral la puso María Ángela Holguín al sacarle la alfombra debajo de los pies al embajador de Colombia en Caracas, en el momento en que se ha visto asediado por personeros de la revolución. Se le exige oficial y conminatoriamente al representante del Palacio de Nariño que no abra la boca en nada que tenga que ver con Venezuela, pero la ministra no deja pasar la ocasión para debilitar públicamente al emisario de su presidente en Caracas. La funcionaria, en un gesto de extrema benevolencia, le perdonó el desliz (que no fue tal) ¡y aseguró que ello no le costará el cargo! La diplomacia del país vecino se juega con cartas incompresibles a menos que haya una deuda de por medio que a los ciudadanos pedestres nos cuesta dilucidar. La Historia dirá. 

Al menos en el lado de los militares alguien se pone los pantalones y llama a las cosas por su nombre. Jaime Alfonso Lasprilla, al confirmar el secuestro de dos de profesionales de las Fuerzas Armadas por parte de las FARC la semana pasada en el Arauca manifestó que la guerrilla rompió su promesa de no secuestrar más y lo condenó como una  flagrante violación a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario. Otro soldado había sido asesinado y tres más resultaron heridos en un enfrentamiento con la con la columna Alfonso Castellanos del Frente Décimo. Los objetivos no eran los efectivos militares sino la población que iba a ser asaltada.

Una flagrante muestra del accionar guerrillero en tiempos de las conversaciones de paz se percibe flagrantemente en Tumaco, una ciudad llena de afiches de las FARC -hasta en las escuelas-  con los que inoculan terror a los lugareños. Al lado de las casas que bordean la carrera Pasto Tumaco las tierras están sembradas de minas.  Más de 3.000 personas han perdido la vida en los tiempos recientes en manos de los terroristas de las FARC. Estos sustituyeron a los paramilitares en la zona que es considerada tierra de nadie. La costa pacífica nariñense, atravesada por el  oleoducto trasandino, ha tenido que recibir atención especial de las fuerzas armadas porque la extorsión, el secuestro y el narcotráfico son rampantes.