• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

No es solo Avianca

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Avianca ha estado penando por el cobro de los dólares que se le adeudan desde este lado de la frontera desde hacen varios meses. Si la aerolínea continúa surcando los cielos para llevar y traer pasajeros y carga por encima de la frontera binacional, a su deuda vieja se le irá sumando deuda fresca .Y si no consigue cobrar sus facturas vencidas nada hace pensar que los dólares que se siguen acumulando, cada vez más caros para ser obtenidos por las vías innombrables, vayan a ser cancelados en el futuro inmediato. 190 millones de dólares no son concha de ajo ni para Avianca ni para nadie, y los 310 millones que la empresa lleva acumulados a la fecha no son tampoco un monto deleznable. La prensa asegura que después de hacer acordado en diciembre un pago de sus deudas en combustible, tampoco esa fórmula de pago fue honrada. Terrible precedente para las otras aerolíneas que están forzadas a negociar con la revolución lo que en justicia se les debe.

 
Pero Avianca no es la única maltratada en el caso de Colombia. Otro numeroso grupo de empresas colombianas se quedaron de nuevo con acreencias atrapadas en esta nueva devaluación de 6,3 a 11,3 que estaba más que cantada. En el caso del comercio con nuestros vecinos hay empresas de los sectores farmacéutico, repuestos automotores y alimentos en variado tipo de circunstancias: hay nuevos exportadores colombianos a Venezuela que, atraídos por este mercado, creyeron de buena fe en los cantos de sirena de un gobierno tramposo sin ningún apego por el empresariado del país vecino. También hay antiguos exportadores inclinados a creer en las vanas promesas de Maduro a Santos sobre un futuro promisorio y estable para las ventas a Venezuela.

De todo este juego mentiroso y perverso que ha sido la política cambiaria y comercial venezolana saldrán mal paradas las empresas de los dos lados. Los primeros penalizados serán los importadores venezolanos ya que de un tiempo a esta parte las exportaciones de Colombia hacia Venezuela no se suben al lomo de una tractomula a menos que la compra esté respaldada por garantías colaterales. Tales garantías reales si se ejecutan involucran dólares de los duros, de los que no se consiguen en Cadivi o Sicad. Si las exportaciones no fueron respaldadas por garantías saldrá mal parado el exportador colombiano porque el pago de su mercancía corre el riesgo de no llegarle nunca o de llegarle solo una fracción.

En última instancia sale muy mal parado es el país porque su comercio exterior sigue estigmatizado por los incumplimientos y la falta de compromiso en la política comercial externa, la ausencia de seriedad en el manejo cambiario y la imposibilidad de anticipar de los proveedores el rumbo que la divisa venezolana llevará en los tiempos que vienen.

No es solo Avianca. No es solo Colombia. No hay duda de que venderle a Venezuela se ha vuelto una empinada cuesta.