• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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La revolución de los inodoros (I)

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Una gran trasformación está siendo llevada a la práctica en la sociedad china como corolario a la renovación de costumbres que vienen implícitas con la occidentalización y con la influencia del turismo externo. Ella alcanza a todo atinente a los baños públicos o inodoros y el uso que le da la población.

El tema tiene que ver con la satisfacción de la necesidad más frecuente, generalizada e inaplazable, que enfrenta la humanidad, pero que en China adquiere matices culturales muy diferentes a los de otros sitios. Como punto de partida, es bueno imaginarse a un inodoro común en China como un rectángulo de cerámica con un hueco en el piso, sin cisterna ni espaldar y casi siempre sin papel higiénico.

En los baños públicos, que existen con inusitada frecuencia en los sitios de tránsito público, la experiencia de usar un baño para aliviar necesidades físicas, es mucho más extraña aun para los occidentales, ya que lo frecuente es no encontrar paredes o cubículos que separen a un WC del otro. Esto, sin embargo no parece incomodar a nadie en las grandes urbes o en el campo de la gran China.

El contacto con el tránsito de personas que vienen de otros orígenes geográficos y los temas vinculados con la higiene, han hecho que las autoridades se animen a prestarle atención particular al asunto. De hecho, todo ha comenzado por la orden dada por el alto gobierno actual de construir cientos de miles de baños públicos en zonas de alto tráfico turístico con una finalidad puramente económica, que es la de promover los viajes como una herramienta de estímulo económico. El tema de educar al chino en su uso es materia accesoria, en apariencia, pero no menos útil por su efecto sanitario.  

El reto es mejorar las prácticas higiénicas y las costumbres ciudadanas de la población poco letrada y de los habitantes del interior. Consideremos, por ejemplo, que tanto la defecación como el orinar en los espacios público son prácticas comunes entre estos segmentos poblacionales. No hay sino que imaginar el nivel de contaminación que se crea si únicamente los niños se dedican a dejar su carga diaria de excrementos en los lugares de alto tráfico. El problema es mayúsculo.

Sitios como Hong Kong, Pekín, Shanghai, Shenzen en donde es notoria la influencia de las costumbres y de las exigencias de higiene occidental, han comenzado a reclamar la atención de las autoridades del poder central. Y las autoridades regionales han comenzado a entrar también por ese aro. En Hebei, una provincia  del oeste de Pekín este año se van a invertir 1.900 millones de dólares solo en baños públicos, pero sus autoridades sienten que son decenas de miles de millones los que debieran ser destinados a este fin.

El caso es que esta nación de cerca 1.400  millones de ciudadanos se está preparando para una cruzada que puede cambiar la faz del país, que hará progresar culturalmente a sus habitantes, que mejorará la calidad de vida de las nuevas generaciones y que presentará una cara más amigable al visitante.

Además, el fenómeno del turismo local e internacional hacia ese país es indetenible. Solo en el último trimestre del 2015 hubo 112 millones de individuos que viajaron, a través de agencias, dentro del país y ello subió 17% con respecto al año anterior.

La revolución de los baños es, sin duda, un buen paso desde más de un punto de vista. Pero les contaremos más en nuestra próxima entrega.