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Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

Una responsabilidad global

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No son solo los abundantes suministros en los mercados energéticos del mundo los causantes del descalabro de los precios petroleros. También una demanda disminuida de crudo en el planeta ha incidido en la debilidad sostenida del valor del barril. A China le corresponde un cuota sustantiva de responsabilidad en el tema. Es que el sobreabastecimiento que el mercado viene experimentando desde mediados del año pasado también se origina en la desaceleración del más grande actor económico del planeta.

La evolución reciente del crecimiento chino nos muestra que su economía, que venía expandiéndose en tasas de dos dígitos entre los años ochenta y noventa y que luego se mantuvo creciendo cerca de 10% por otros 15 años, ha iniciado frenazo que ha ubicado su crecimiento en solo un dígito desde 2011. Ya se sabe que en 2015 apenas sobrepasará 7%.

El hecho es que si solo dependiera de un impulso de la demanda china la elevación del precio petrolero, las perspectivas serían sombrías, porque lo que ocurre es que el enfriamiento económico del coloso no es producto de un azar, sino responde a un proceso deliberado e inducido y es la derivación  de una estrategia macroeconómica bien montada y eficientemente instrumentada.

Su norte apunta a la transformación del modelo económico para poner a depender su expansión no de las exportaciones basadas en producciones industriales alcanzadas con mano de obra barata, sino del consumo interno de 1.370 millones de almas que moran dentro de la geografía del gigante. En el ánimo del Partido Comunista existe el criterio de que ello permitirá –verdad o no– que los beneficios del desarrollo se distribuyan más ampliamente.

Apenas un dato nos explica las razones por las que China apuesta por sus propios ciudadanos para su sostén: el consumo privado allí representa apenas 30% del PBI, menos de la mitad que en Perú (61%), Chile (68%) o Colombia (65%).

Al tratarse, pues, de una estrategia a largo plazo, no puede esperarse que uno de los principales factores que promueven la contracción global de  la demanda cese dentro del corto plazo. Y le tocará al planeta entero acostumbrarse a los niveles de demanda del gigante asiático o incidir sobre las otras variables que determinan la caída de los precios de crudo: el manifiesto deseo de los países de la OPEP de mantenerlos bajos y la inundación de energía de esquistos proveniente del que hoy la explota eficientemente: Estados Unidos.

Pero no es solo en el terreno energético donde se refleja la desaceleración china. Las expectativas de un débil crecimiento económico han impactado el precio del cobre, que tocó en 2014 su nivel más bajo desde 2009. China resulta ser el más fuerte consumidor mundial con una participación de 45% de la demanda del metal.

Algo similar ocurre con el acero, del que China es el mayor productor y consumidor mundial. Nuevas políticas de construcción y de infraestructura y el combate de la contaminación en ese país han hecho que  las políticas que se diseñan e instrumentan desde Pekín impacten contundentemente también a ese vital sector.

Todo lo anterior se traduce en una gravitación cada vez más profunda de China en el desenvolvimiento de la economía planetaria, una mayor capacidad de negociación política en asuntos económicos estratégicos universales y, por ende, una incidencia contundente en aspectos relevantes de la paz mundial.