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Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

El pesado fardo de La Haya

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El fallo de la Haya es uno de los fracasos políticos y diplomáticos que mayor daño puede hacerle a Juan Manuel Santos en su carrera hacia la segunda jefatura de Estado en 2014. El resto de los proyectos presidenciales que están a medio andar y que aún no han producido resultados tangibles pueden ser bien manejados comunicacionalmente a la hora de su relanzamiento como candidato. Ello incluye al proceso de paz de La Habana que, a esta hora, cojea de más de una pata. Algún avance, por pequeño y débil que sea, en estas conversaciones en favor de la paz colombiana, si es bien administrado en términos mediáticos, puede servir para apuntalar su aspiración a repetir en la Casa de Nariño.

Pero el fracaso gubernamental que se hizo protuberante en un dictamen lesivo a los intereses de Colombia -por demás irreversible- deja una mancha difícil de limpiar en las ejecutorias del actual presidente colombiano.

Es que en los albores del año 2013, el tema del momento en Colombia es ya la sucesión del Presidente, a pesar que las elecciones solo tendrán lugar en marzo de 2014. El fallo adverso del alto tribunal por el que Colombia perdió derechos económicos en el Caribe es, sin duda, el producto de argumentaciones de fondo de carácter puramente legalista como corresponde a la Corte, pero su manejo procedimental, aunque se divide entre tres presidencias colombianas, fue pobre y le correspondió llevar la voz cantante, en esta última etapa, al gobierno de Santos. Este ha decidido escurrir el bulto y lanzar dardos en contra de su predecesor, generando toda una ácida diatriba que ha alcanzado grandes decibeles en el corro político vecino.

¿Puede Santos, frente a este episodio lamentable, levantar un rechazo público de envergadura que sea útil para afectar al uribismo ante las presidenciales de 2014? Uribe, más bien, es el que puede responsabilizar a su sucesor de tan enorme desatino diplomático y, desde su cómoda posición, se ha propuesto usar esta estrategia demoledora para debilitar al gobierno en ejercicio. Con respecto al pasado no hay nada ya que se pueda hacer. Y el país colombiano está bravo y se siente traicionado. Por ello, Uribe apunta el dedo acusador hacia el actual gobierno tildándolo de cobarde al no ser capaz de desconocer la sentencia, el único camino de salida que queda por intentar.

Mientras, Santos pide la determinación de responsabilidades entre los tres actores que tuvieron que atender el proceso, Uribe exige acciones futuras que sabe que el Presidente no va a nunca a transitar. Así pues, el revés que enfrenta Colombia por la pérdida de por lo menos 75.000 kilómetros cuadrados de zona económica exclusiva puede ser un elemento político decisorio y un muy pesado fardo para el Presidente candidato si Uribe consigue que sea Santos quien capitalice la tormenta. Y en esta gesta Pastrana parece estar de su lado.