• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

La paz vecina, mal punto de partida

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Ya en la recta final que concluirá en un acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, proceso que debería sellarse en escasas 4 semanas, quien está llevando la peor parte resulta ser el Ejército colombiano, el hidalgo frente militar que no solo ha defendido a sus conciudadanos a lo largo de 5 larguísimas décadas sino que ha puesto en muchas ocasiones los muertos en esa tarea de hacer de su país un sitio vivible.

Y digo que les está tocando la peor parte, porque acaba de ser la fuerza pública la víctima atroz de una terrible humillación en la Goajira cuando cerca de 300 terroristas de la insurgencia armada, de espaldas a todos los esfuerzos que se están armando en La Habana para concluir con un arreglo de paz para Colombia, invadieron el municipio de Fonseca y la población de El Conejo con la finalidad no de cobrar vidas, sino de amedrentar a la población indefensa y mostrar su fuerza destructora e intimidatoria ante una comunidad pacífica. Esto, repito, a pocos días de que concluyan las conversaciones de paz y en un elocuente gesto de desprecio por la autoridad de sus superiores que intentan pactar un arreglo de desarme.

La vocación sangrienta de los guerrilleros no es tema nuevo para los colombianos. Lo que sí ha sido inaudito es que los uniformados hayan sido desautorizados, este 18 de febrero, a actuar militarmente frente al desafío intimidatorio de los insurgentes. El gobierno de Juan Manuel Santos no encontró una explicación razonable que darle a la ciudadanía y la que ofrecieron resultó ser tan pueril o tan cínica para lo que el país se está jugando en la hora actual que lo que consiguieron fue sumarle puntos al desapego que los colombianos hoy tienen por la gesta de “paz a cualquier precio” que tiene entre manos su presidente.

Quien ordenó la total inmovilización de los guardianes del orden público cargará por años con el estigma de no haber movido un dedo para dejar claro ante la colectividad a quién le corresponde preservar la calma ciudadana. Es imperdonable e inadmisible que justamente en el momento en que se está inaugurando una nueva Colombia, parta de los altos mandos gubernamentales y militares la orden de abandonar a su suerte a quienes son víctimas del amedrentamiento guerrillero.

Pero además hay otra guinda de esta torta que aún no tiene una interpretación que suene razonable. Los desalmados bandidos llegaron a Fonseca sobre vehículos registrados en Venezuela. Eso estamos heredando del lado de acá en la misma medida en que Juan Manuel Santos se embarca en una gesta que lo que está logrando es exportar las tropelías que los terroristas ya pusieron en práctica en su tierra y que se llevaron mas de 220.000 vidas junto con la tranquilidad colombiana. Bien poco importa adónde se vayan los alzados en armas, si en el “per contra” la máxima autoridad colombiana se gana un premio mundial que exhibir.

Triste futuro el venezolano si después de que salgamos del horror que nos ha reservado la revolución bolivariana, nos toca lidiar con los desafueros de las FARC ahora venezolanizadas.