• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

¿Quién fue el que se pasó de la raya?

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La Historia de Estados Unidos está plagada de episodios de tolerancia con la pluralidad de ideas. Esa es la esencia tradicional del accionar de sus gobiernos.

Dentro del marco de las relaciones de la gran potencia con Venezuela, hemos observado cómo los  gobiernos revolucionarios se han destacado por compartir posiciones con personajes peligrosos y cuestionados por la comunidad internacional –Sadam Hussein, Vladimir Putin, Bashar Al Assad, Alexander Lukashenko, los dos hermanos Castro– sin que ello nunca haya sido objeto de diatriba alguna por parte de un gobierno gringo. En nuestra historia reciente, la deliberada comandita chavista y madurista con movimientos como Hamas, los extremistas en el interior de Irán, los radicales del régimen sirio, el fundamentalismo islámico, la insurgencia guerrillera colombiana, ha coexistido con una estrecha relación económica con Estados Unidos sin que nuestros socios hayan cuestionado nunca tales alianzas. Todo ello a pesar de que desde los atentados de las Torres Gemelas Estados Unidos ha hecho suyo el leitmotiv de la batalla antiterrorista. 

No nos es posible especular sobre hasta dónde han sido capaces de llegar los gobiernos de Chávez y de Maduro en su ánimo obsesivo de adversar a Estados Unidos. Pero seamos conscientes –eso sí– de que los eficientes  servicios de inteligencia estadounidense han tenido activa su lupa sobre el alcance real del apoyo venezolano a regímenes e instituciones enemigas o a personajes abyectos y repudiables de la escena global.

Otros casos hablan por sí solos. En el terreno del tráfico de drogas no podemos cerrar los ojos frente al hecho de que la falta de vigilancia sobre esta lacra social ha convertido a nuestro país en lugar preferido de tránsito de sustancias nocivas que aterrizan en las manos de los jóvenes de la sociedad americana. Si la negativa a cooperar de Venezuela en la persecución de este delito es como lo han informado las autoridades americanas, hay allí importantes razones para insistir en que sus actores son una amenaza para los esfuerzos americanos por desterrar el flagelo. Lo mismo habría que decir del blanqueamiento de capitales, crimen que frecuentemente se origina en nuestro país con el protagonismo de capitales venezolanos, que van a contaminar y enlodar el sistema bancario y financiero de Estados Unidos.

En el campo en el que los personeros del gobierno revolucionario han sido más erosivos con Estados Unidos es en el insistente e irresponsable señalamiento de estar protagonizando con la oposición política venezolana un proceso de desestabilizador que conduciría a una salida violenta del poder de Nicolás Maduro. El obsesivo tema, además de ser expuesto dentro de nuestras fronteras en medio de un lenguaje insultante y alevoso, está siendo perifoneado oficialmente por nuestras autoridades en cuanto foro multilateral ha tenido lugar en épocas recientes. Escudados en la solemnidad, la estatura y la credibilidad que todo gobierno serio debería tener, los personeros del Ejecutivo y el Legislativo han hecho de una mayúscula e incomprobable falacia –el supuesto montaje de un golpe de Estado continuado propugnado por el gobierno de Obama– una bandera que han hecho ondear en detrimento del gobierno americano.

Barack Obama acaba de dar el paso decisivo de invocar los instrumentos legales que lo facultan a actuar sin la autorización del Congreso de su país y ha declarado una situación de emergencia, luego de haber llegado al convencimiento de que el accionar del gobierno venezolano atenta contra la seguridad de su país. El resultado no ha sido la penalización del país, como quiere hacer ver el gobierno falazmente, sino de un grupo de allegados al gobierno que habrían incurrido en delitos sancionables dentro de su  propio ordenamiento jurídico y que por demás son delitos universales.

Satanizar tal acción es un monumental despropósito. Su único fin es armar el tinglado de un supuesto ataque externo contra el país para articular solidaridades útiles en el momento en que la favorabilidad del gobierno cae en picada libre.

Poco a poco se irán evidenciando los actos a través de los cuales se ha estado materializando la agresión venezolana que soporta la emergencia declarada. Entonces quizá descubramos que quienes se han pasado de la raya no son los americanos.