• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Un país de viviendas vacías

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En cualquier país del planeta un estímulo importante a la economía, cuando esto se hace imperativo, por lo general viene por el lado de inyectarle energía y vitalidad al sector de la construcción y particularmente al de la vivienda. Ese no puede ser un recurso a utilizar por parte de la segunda potencia económica mundial, ya que la triste realidad de hoy tiene que ver con la saturación de esta actividad. El inventario de viviendas construidas sin propietario es de dimensiones colosales. La profundidad de esta crisis es difícil de ser percibida desde afuera ya que el secretismo que es regla en el comportamiento del gigante asiático no permite que las cifras oficiales den cuenta del tamaño del drama.

Dimensionar la crisis es lo que permite diseñar una solución para un entuerto que lleva ya más de dos años en estudio, sin que una solución definitiva y viable haya sido presentada. Las cifras oficiales reconocen cerca de 18 millones de unidades frías, pero la realidad debe ser mucho más grande que lo declarado.

Es cierto que los usos, costumbres y disposiciones legales que norman la vida en el país aportan bastante a que las soluciones no aparezcan.

El primer gran obstáculo es la existencia de un ancestral sistema de organización social denominado “hukou” de acuerdo con el cual un ciudadano del interior puede migrar a trabajar en cualquier lugar del país y en cualquier actividad, pero sus derechos sociales están referidos y limitados únicamente a su lugar de origen. Este solo encontrará apoyo gubernamental en los terrenos de educación, salud y vivienda mientras permanezca en su patria chica, es decir, en el lugar del cual proviene, lo que hace que solo uno de cada diez migrantes disponga de una vivienda propia en el lugar donde trabaja.

Desde fin de 2015, este esquema se encuentra en proceso de adecuación, de manera que los trabajadores del interior puedan obtener una especie de permiso de residencia urbana que los faculte para acceder al crédito inmobiliario en su lugar de trabajo. Pero, además, hace falta que los precios de las unidades se hagan accesibles a quienes detentan salarios realmente precarios; que los salarios aumenten para que los trabajadores dispongan de recursos para hacer frente a la adquisición de su vivienda; o que las fuentes de trabajo se generen por igual en el interior del país.

Resolver el problema del descomunal inventario de viviendas es esencial para reavivar el sector constructivo dentro del país y, a la vez, conseguir que su dinamismo vuelva a impregnar al mundo de vitalidad. Menos construcción dentro del territorio del país más populoso del mundo redunda en menos inversión dentro de sus fronteras y a la vez menos demanda de insumos dentro del país, lo que afecta a los sectores conexos, desde los ladrillos, pasando por las cabillas y pintura hasta los bombillos y refrigeradores. Pero igualmente repercute a escala planetaria al reducir sensiblemente la demanda externa de insumos de todo género.

Un plan global de vivienda es lo que se requiere, e incluir dentro de las soluciones programas de financiamiento que vuelvan accesibles las casas y apartamentos a la población de a pie. Mientras tal plan no vea la luz, lo que puede esperarse del gigante de Asia es un muy débil desempeño económico que seguirá manteniendo en vigilia al resto de la economía mundial.