• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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La onda expansiva de la desconfianza

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Habían transcurrido pocas horas de la tercera devaluación de la moneda china cuando los mercados bursátiles internacionales se vinieron al suelo. La duda de que China pueda salir adelante con sus reformas económicas se ha instalado en los mercados internacionales.

A lo largo de todo el año 2015 la humanidad tuvo demostraciones palpables sobre la onda expansiva que cualquier movimiento en China genera. Solo que esta última crisis- la tercera en un año-atendida a través de otra nueva corrección económica desde Pekín  para efectos internos,  hizo que se esfumaran 3 billones de dólares del planeta en segundos.

Lo sí está claro es que es imprescindible comenzar a descontar estos efectos y establecer medidas que, de alguna manera protejan a todas las economías, grandes y pequeñas de las turbulencias chinas antes de que estas ocurran. Y que hagan razonar a sus líderes sobre la inconveniencia de someter al mundo a tales vaivenes. La consecuencia de una desaceleración global afectará en la misma medida a la propia China.

No es tan difícil entender lo que ha estado ocurriendo a las bolsas del planeta, a medida que los chinos intervienen internamente para corregir su rumbo y generar el efecto de mantener su expansión. No hay que irlo a buscar en intrincadas tesis macroeconómicas. El tema es en extremo sencillo. Los mercados de valores globales están descontando dos poderosas distorsiones que vienen teniendo lugar en la economía del coloso.

La primera de ellas nace de la más simple observancia de que la estrategia para mantener una expansión cercana 6,5% sobre la base de un mayor consumo interno de los 1.400 millones de nacionales chinos no está produciendo resultados. La corrección de tal debilidad se ha intentado lograr a través de devaluaciones sucesivas, la más eficiente fórmula para retornar al viejo modelo de exportaciones masivas de baratijas de calidad dudosa y de muy poco valor agregado. Es el propio chino del interior del país quien se abstiene de consumir por su íntima desconfianza en que el progreso de la nación que los alberga les brindará mejor calidad de vida. “Mejor es ahorrar para atender las necesidades del otoño de sus vidas”, piensan. El mercado inmobiliario no logra levantar cabeza con actitudes de ese tenor. Y además, para diciembre pasado se registró el sexto mes seguido en el que las industrias acusaron merma en sus utilidades.

La segunda es la evidente y visible actitud oficial frente a las ineficiencias de sus empresas estatales, endeudadas a niveles insostenibles sin que ellas sean forzadas a enfrentar sus ineficiencias. Europa y Estados Unidos, en su momento, resolvieron las deudas insolutas a través de una valiente y dramática reestructuración de la economía interna. La actitud de los gobernantes chinos, ante tales distorsiones, ha sido la de inyectar masas enormes de dinero en la economía sin enfrentar frontalmente  los entuertos, con lo que han contribuido a atornillar el proceso destructor.

La desconfianza en la fortaleza de este líder mundial, alimenta sin piedad el perverso ciclo en el que navega una de las dos primeras economías mundiales. La desinversión es la consecuencia y de allí, la reacción de los mercados. Sin una corrección de rumbo asistiremos a una cascada dramática de perturbaciones, hasta que la debacle sea total.