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Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

La nueva hipoteca: Argentina

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A una semana del inicio del año 2015 Pekín recibirá a los cancilleres de la Celac en una reunión que servirá para demostrar con hechos la importancia sustantiva que el gobierno del gigante de Asia les otorga a los países de nuestra región.

El plato fuerte y de seguro el más cacareado por sus protagonistas será el importante acuerdo de inversión y cooperación con China que el Senado argentino acaba de aprobar, dándole vida a la alianza bilateral más generosa que el país austral haya firmado con alguna potencia a cambio de ayuda financiera. Se entiende que la generosidad va en el inusual sentido en el que el débil es el que favorece al fuerte: sale muy aventajada la potencia china del entendimiento bilateral, dada la fragilidad económica y financiera que atraviesa el país de las pampas.

Ello, por supuesto, ha levantado una polvareda de ácidas críticas al gobierno de Kirchner en su país, pero a la sociedad argentina no le han dejado otra alternativa que acoger el convenio y digerir por la fuerza la presión ejercida por su presidenta para conseguir el aval parlamentario fraguado entre gallos y medianoche.

Los chinos salieron muy gananciosos en este entendimiento que el Ejecutivo consideró innecesario debatir, y de acuerdo con el cual, a cambio de un financiamiento grueso, las empresas chinas tendrán acceso a importantes contrataciones estatales en condiciones altamente preferenciales, lo que incluye hasta la posibilidad de importar mano de obra para su ejecución.

Los términos de estos acuerdos no son más lesivos para Argentina que los acuerdos pactados con Venezuela en la era del chavismo-madurismo. Estos han sobrepasado los 50.000 millones de dólares y guardan similitudes importantes con otros convenios suscritos con países africanos, como Angola y Nigeria, en los que la complacencia con los chinos ha seguido un patrón similar. Tanto en el caso de Venezuela como en el de Argentina, se trata de países con debilidades financieras severas, con capacidad muy restringida de acceder al financiamiento internacional y con una calificación disminuida por parte de los analistas de inversión. China se convierte, por esta vía, en un financista generoso, en una tabla de salvación, en una salida momentánea pero honrosa para los autores de los  descalabros económicos. El Banco Central en Buenos Aires pudo agregar cerca de 2.500 millones de dólares a sus debilitadas y magras reservas.

Nada de ello ocurre sin que existan concesiones especiales al aportante de los fondos de salvamento. Los empréstitos chinos están ligados a la confección de una lista de proyectos prioritarios para los cuales los inversores disfrutarán de concesiones particulares, tales como la adjudicación directa, la importación de insumos sin arancel en detrimento evidente de la procura de manufactura doméstica, o su ejecución con obreros y trabajadores importados desde China en detrimento del uso de la mano de obra local. Los arreglos negociados con los chinos les dan acceso a contratos en las áreas energéticas, mineras, de obra pública, nucleares sin mayores tramitaciones ni aprobaciones adicionales parlamentarias.

En suma, ha nacido una nueva forma de subordinación a Pekín que se suma a la de Ecuador, que tiene ya buena parte de la producción de Petroecuador comprometida como repago, y a la de Venezuela, que también ha hipotecado ante los benefactores de Pekín el futuro de las nuevas generaciones.

La sinodependencia estará, pues, en el orden del día, en la reunión ministerial de Celac que se inicia hoy en Pekín.