• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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El mundo arrastrado por espiral recesiva

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Los precios de las materias primas a escala mundial se han venido al suelo y la razón la encontramos, casi únicamente, en la brutal desaceleración de la economía del gigante chino.  

Habrá quienes aseguren que la apreciación del dólar frente a otras divisas también juega un papel decisivo en esta caída vertical del valor de los “commodities” y algo de razón los asiste. Es en esta moneda que se transan los productos básicos y los insumos industriales dentro de los intercambios globales. Pero ello no se compara con el efecto contundente que un menor consumo desde Asia está teniendo en el comercio internacional y, por lo tanto en las economías de los exportadores a China.

El índice de materias primas de Bloomberg, diseñado para recoger la evolución de los estos valores, ha estado reflejando una caída sostenida y vertical de precios para esta canasta de insumos y productos primarios que tiene su punto de partida en 1999.

El petróleo es un elemento clave del deterioro del índice, pero los metales industriales ocupan un puesto destacado igualmente. No hay que perder de vista que la mitad de la producción planetaria de aluminio, cobre y carbón va también a parar a las costas del Dragón asiático y que, de mantenerse el norte estratégico establecido por los especialistas en macroeconomía de Beijing, que consiste en cimentar la expansión de la economía doméstica no en las ventas externas sino en el consumo de sus 1400 millones de ciudadanos, la situación no puede sino empeorar.

La consecuencia de esta política, válida y útil al interior de sus fronteras, es desastrosa para sus socios comerciales de antaño. Hoy el crecimiento del consumo internacional de productos primarios por parte de China apenas alcanza a 9% interanual, cuando a inicios de la década, la demanda más que se triplicaba cada tres años.

El fenómeno tiene un alcance muy poderoso porque se devuelve hacia China como un boomerang. Si las economías de los grandes países productores y de las naciones emergentes se ven impactadas en sus ingresos por el menor consumo del socio asiático, las ventas externas de China también son alcanzadas por tal desaceleración, provocando un efecto en cadena  difícil de contener.

Ninguno de los productos básicos ni sus productores se salvan de esta descolgada: níquel, hierro, zinc y platino también han sido alcanzados en menos escala por esta debacle.

El apetito de los inversionistas por emprender nuevas actividades en el renglones de la producción de commodities, hace pensar que el horizonte no está claro y que las fuerzas del mercado por si solas no provocarán el equilibro deseado sino a muy largo plazo.

Todo lo anterior configura una situación de alerta para el resto del mundo en cuanto a la manera en que los vasos comunicantes establecidos entre el resto del mundo y este gigante herido está dominando la escena internacional.

Los equilibrios están alterados. Una perversa dependencia está rigiendo la salud económica del planeta en su conjunto. Es hora deponer en marcha correctivos, pero no puede ser sin la participación activa, sin la ayuda del coloso de Asia.