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Beatriz de Majo

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“Freegate”: anónimos al fin

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Hace muchas lunas que los chinos buscaban una fórmula para sortear la censura digital a la que han estado sometidos por sus  gobiernos. Hasta que apareció Freegate ( Puerta Abierta ), un programa informático que al ser descargado en un computador es capaz de evadir los controles impuestos por la administración central  empeñada en bloquear el acceso a  contenidos para ellos indeseables, e incluso, espiar a los usuarios para detectar actividades que estimen inaceptables… y penalizarlos en consecuencia.   El caso es que esta herramienta les está brindando a los ciudadanos chinos la posibilidad de acceder a información que, de otra forma, nunca estaría disponible para ellos porque el Estado ha transformado en función pública legal la de determinar aquello que pueden ver y usar y también lo que debe ser considerado ofensivo o peligroso.  Las consecuencias de abrirles las puertas del mundo a nacionales que han vivido dentro de un ambiente de control total son aun inimaginables y van desde  levantar el velo de la ignorancia - la forma más eficiente  de someter a una población-  hasta dotar a los individuos de capacidad de análisis sobre hechos que les afectan y despertar su rebeldía.El aislamiento de la sociedad que es  otro de los objetivos perseguidos por la muralla china de la cibercensura, es decir, negarle a los administrados su derecho a comunicarse privada y libremente con terceros, es otra de las barreras  que ahora es posible saltarse con la herramienta digital Freegate. Todo comenzó cuando un grupo de temerarios empresarios tecnológicos sino-americanos navegantes de las redes se trazaron la meta de encontrar la grieta a través de la cual las políticas de antiprivacidad emanadas desde Pekín podían ser circunvenidas, de manera de devolverle el derecho al anonimato al hombre de a pie.Lo han conseguido. Tecnológicamente el diseño del instrumento planteaba un reto relativamente sencillo: ofrecer a cada internauta chino un protocolo que le abra  la posibilidad de viajar por el ciberespacio sin usar su propia identificación privada oficial sino un “alias”. Esta nueva identidad no deja rastro de su ruta de navegación, lo que equivale a decir desplazarse por la red en total libertad y sin ser espiado.Pero tal libertad no es compartida en los círculos de poder en la medida en que ella permita o estimule la generación de focos organizados de rebeldía. La navegación sin murallas dota al individuo no solo del acceso a la información global y verdadera  sino que lo faculta para interactuar con el mundo interior y exterior sin que desde los bunkers informáticos del Partido Comunista lo puedan impedir. Cada chino diestro en los temas de Internet – y hay más de 650 millones de internautas- tiene o puede tener una identidad propia en redes como Facebook, Twitter o Instagram  o en portales como Google o Youtube.Ello, en los tiempos que corren, resulta un desafío a la propia supervivencia del gobierno. Por ello blindar a la censura digital contra elementos disruptivos como Freegate, ha dejado de ser una necesidad para convertirse en una urgencia. La batalla por la preeminencia en las redes apenas ababa de comenzar. El final es difícil de anticipar, si es que hay uno. El mismo no se vislumbra porque es tanto el empeño del gobierno en tener una lupa sobre sus administrados como el de Freegate en defender el derecho individual a la privacidad y al anonimato.