• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

La hipótesis del Premio Nobel

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El comportamiento del jefe de Estado colombiano dentro del proceso de negociaciones con la guerrilla de las FARC que lidera el mismo presidente plantea muchos interrogantes debido a la actitud abiertamente favorecedora que el funcionario pareciera exhibir para con criminales guerrilleros, quienes con sus ejecutorias han mantenido arrodillado a su país a lo largo de medio siglo y han enlutado a 220.000 familias colombianas, sin mencionar las muchas otras tropelías que cargan dentro de su morral de barbarie.

No es el fin de este artículo repetir lo sesgado que luce el proceso de negociaciones en favor de los antisociales guerrilleros y cómo, a lo largo de los dos años de conversaciones, estos han ido ganando terreno hasta el punto de  que, de aprobarse un acuerdo de paz con los elementos que lo componen hoy, quien verdaderamente saldría ganancioso es el lado insurgente de la ecuación, por la enorme cantidad de prebendas o de favores que han alcanzado de parte del Estado. No es poca cosa dejar el fusil para irse a sentar cómodamente en el sillón de los legisladores sin que medie una sentencia, un perdón ni reparación ni elección popular.

Este desequilibrio, este sesgo es tan protuberante que los analistas no han dejado de preguntarse, desde sus inicios, cuál es la verdadera motivación del presidente en esta gesta en la que los gananciales irán a parar del lado de los malos de la película. Y muchos han sido los que se inclinan a afirmar que Juan Manuel Santos estaría obsesionado con obtener el Premio Nobel de la Paz, premio que alcanzaría como corolario por haber sido el artífice de una paz que hasta hace poco se consideraba inalcanzable. Su deseo de obtener tal presea sería tan poderoso que ello justificaría que no suelte el hueso por difícil que resulte el proceso y que esté siendo llevado a efectuar concesiones realmente perversas en el marco de las conversaciones de La Habana.

Recientemente un importante catedrático y analista político colombiano, radicado en París hace tres décadas, ha adelantado una tesis que debe ser examinada con seriedad por todos los observadores del proceso. El periodista Eduardo Mackenzie es de la opinión de que más bien la hipótesis de la persecución del Premio Nobel le viene de perlas al presidente para justificar los pasos que se están dando en el seno de la mesa de la paz con la venia presidencial. Si no fuera por su supuesta obsesión de alcanzar el premio de Oslo, el presidente no tendría otra alternativa que admitir su sintonía con el accionar de revolución guerrillera. Una de dos: o bien Santos comulga entusiastamente con los propósitos de la subversión guerrillera y por ello la premia con un trato que no merecen, o bien lo que provoca sus destemplados actos es la egoísta obsesión por un alto reconocimiento planetario. Sostiene Mackenzie que Santos habría estado conteste con la insurgencia desde inicios del proceso revolucionario en Colombia y que actualmente ha escogido voluntariamente el papel de favorecedor de su fácil inserción en una nueva Colombia que nazca a raíz de los acuerdos de paz. Un “alibi” llama Mackenzie el fenómeno que liga su aspiración al Premio Nobel con su actuación como líder del proceso de pacificación.

Son suyas las palabras publicadas en la página web de Periodismo sin Fronteras, con las que termino yo estas reflexiones. “El proceso de colonización ideológica de Santos es evidente a la luz de sus actos y de sus acciones, no así de sus discursos. Hay una divergencia entre lo que ha hecho en estos años del ‘proceso de paz’ y la retórica que utiliza para justificarse: las dos van en direcciones opuestas”. http://www.periodismosinfronteras.org/santos-et-le-prix-nobel-de-la-paix.html