• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

El gran cuento chino

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El mundo nunca ha tenido las cuentas muy claras en lo atinente a las estadísticas que miden el desempeño chino y sus variables macroeconómicas.

En las épocas en que lo resaltante era la desenfrenada expansión del Dragón de Asia, ningún país tenía motivos para poner en tela de juicio las cifras con las que los chinos nos alimentaban en relación con ellos mismos. ¿Qué podía importar que en lugar de 10%, el crecimiento de su producto fuera de 9% o de 11%?

Evidencias de lo acelerado del ritmo con el cual China se estaba haciendo presente en la dinámica planetaria no era lo que faltaba. Dentro de su geografía las ciudades surgían como champiñones, la construcción era desenfrenada, masas inmensas de gentes se desplazaban a los nuevos centros de desarrollo industrial, los puertos se expandían en desmesura, la costa comenzó a diferenciarse nítidamente del resto del país, la calidad de vida mostró mejorías notables y la presencia del Imperio del Medio a través de sus productos y sus inversiones se hizo protuberante en todo el planeta. La locomotora del mundo estaba en Pekín.

A diestra y siniestra, sin embargo, en los centros de mediciones macroeconómicas de bancos y universidades comenzaron a  aparecer disparidades que hacían concluir que las estadísticas oficiales sobre el PIB chino contenían un importante componente comunicacional, propagandístico si se quiere, que hacía dudar de su veracidad tanto en épocas de rápida recuperación como en momentos de estabilidad o de retroceso.

Los más acuciosos entre los estudiosos de los fenómenos chinos habían llamado la atención, también, sobre las notables diferencias existentes entre las cifras emanadas de sus órganos oficiales centrales y las proporcionadas por sus regiones. Y estas no eran las únicas que no sumaban correctamente. Tampoco los números estadísticos de los socios comerciales chinos calzaban con los informados por los ministerios y entes públicos en Pekín. No había motivo de alarma por las imprecisiones ni se les otorgaba la relevancia necesaria porque la inmensa talla del país, en parte, lo justificaba. 

Pero ahora que el tema para la salud planetaria no es el crecimiento desbocado de China sino más bien la velocidad de su desaceleración, por decisión propia o por cualquier otro motivo, es preciso poder acercarse a alguna forma de medición del dinamismo, y ello está resultando un arriesgado ejercicio. 

En todo caso, como China por sí sola es susceptible de generar un fenomenal vendaval en el PIB mundial a través del colapso económico propio, y no pudiéndose confiar en las estadísticas que emanan de sus autoridades, solo queda acudir a los grandes expertos mundiales para hacer la luz sobre la parte del devenir económico del planeta que depende sustantivamente del desempeño del gigante. Una  predicción así puede ser relevante para los inversionistas globales, para los economistas de los centros internacionales que se ocupan de medir la demanda global de productos básicos, además de calcular la tasa de crecimiento de los países que los producen. 

De estos hoy sabemos que lo que pudiera estar en puertas es una “ recesión del crecimiento”, el término que expertos del Financial Times le asignan al escenario que se está precisando a inicios de 2016 , en el cual el crecimiento potencial del mundo podría alcanzar apenas 2% en lugar de 3%. Todo el resto puede ser un nuevo cuento chino.