• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

La gota que derramó la copa

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Resulta por lo menos llamativo que China, que es el principal aliado del

régimen de Kim Jong-un en lo económico y que ha estado sosteniendo a su

gobierno en lo político frente a las tropelías que el mundo entero le reprocha,

estuviera a oscuras en cuanto a la inminencia de su prueba nuclear de

hidrógeno. En la inmediata reunión urgente del Consejo de Seguridad de la

ONU, solicitada por Estados Unidos y Japón, China decidió sumarse y

participar proactivamente. Allí se pidieron nuevas sanciones para el régimen

de Pyongyang por la realización de estas pruebas proscritas por sus países

miembros y repudiadas por la comunidad internacional entera.

Esta sería la cuarta vez en 10 años que la instancia suprema en política

atómica a escala planetaria responde medidas que imponen restricciones a su

comercio externo. Las anteriores tuvieron lugar en las precedentes pruebas

con bombas atómicas realizadas en 2006, 2009 y 2013.

Lo sorprendente, en esta ocasión, es que el gobierno de Xi no esperó la

reacción de las restantes potencias mundiales. Su inmediata postura frente al

anuncio efectuado por parte de las autoridades norcoreanas fue una clara

demostración de la determinación que tiene Beijing de no permitir la

existencia de políticas y prácticas nucleares que vayan en contravía de la

determinación mundial.

Su malestar se expresó de manera firme a través de la vocería de su ministro

de Relaciones Exteriores, quien no solo se refirió a los compromisos

norcoreanos con la comunidad internacional en su conjunto en atención a su

membrecía dentro del Tratado de No Proliferación Nuclear, sino trajo a

colación la necesidad perentoria de que Pyongyang cumpla con sus

obligaciones de abandono de las armas de destrucción masiva pactadas con

sus vecinos en la península coreana.

No es frecuente que el líder de la diplomacia del gigante de Asia exprese de

viva voz el repudio de su gobierno y del Partido Comunista por acciones de

terceros países amigos o enemigos de China. Ahora el portavoz del tema se

desmarcó claramente del gobierno de Kim Jong-un en los espinosos temas de

seguridad nuclear al aclarar que China nunca estuvo al tanto de la preparación

de tales pruebas

Hilando fino, habría que pensar que un componente de la repulsa de quien

dirige hoy la primera economía mundial es haber recibido un severo jalón de

orejas por parte de su contendor mundial norteamericano. Estados Unidos no

vaciló en mostrar sus colmillos y exigir a los líderes gubernamentales chinos

detener la colaboración económica y el sostén político que han estado

prestando al díscolo actor norcoreano.  

Al fin, este paso en falso de Corea del Norte ante la comunidad internacional,

que no es sino un gesto de demostración de poder encaminado a desmontar el

cerco comercial que el país tiene que enfrentar hoy en día, parece haber hecho

mella en las  relaciones bilaterales. Este desplante constituye un frontal

desafío a China que redundará en un muy importante distanciamiento entre los

dos países. Posiblemente esta es una de las muy infrecuentes ocasiones en las

que China ha optado por sumarse a Rusia y a las potencias de Occidente.