• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

¿Quién gobierna en el país vecino?

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La paz que se negocia en Cuba establecerá un viraje y definirá un futuro para la nación hermana colombiana. Se está gestando allí una nueva patria. Por ello son tan trascendentes los contenidos de los convenimientos que se alcancen en esta etapa final del proceso y son igualmente vitales las formas que se han observado a lo largo de los dos últimos años entre quienes representan a los criminales guerrilleras y el legítimo gobierno del país.

Un tercer actor sin representatividad expresa, la sociedad colombiana, ha estado observando los toros desde la barrera y deben ser numerosos quienes a esta hora se interrogan en atención a cuál mandato el gobierno realizó tantas y tan variadas concesiones a quienes fueron los verdugos de los colombianos durante medio siglo de barbarie guerrillera.

Si uno de los lados de la ecuación lo componen criminales confesos y el otro lado representa al pueblo cruel e injustamente masacrado, no se entiende por qué los criminales estén saliendo tan bien parados de la contienda. Ni el ánimo de los insurgentes ni sus exigencias se han moderado a lo largo de muchos  meses de conversaciones. Muy por el contrario. Sin estar en posición de exigir, cada vez sacan un nuevo conejo de la manga y ponen nuevas condiciones a su favor en el curso negociador del país que está a punto de nacer.

La razón es simple. Ante cada posición osada o intransigente de parte de la guerrilla la respuesta en la mesa de La Habana ha sido siempre la de un ablandamiento oficial a favor de las posiciones de los insurgentes. Luego el gobierno se ha encargado de fabricar una argumentación a la nación para que esta pueda digerir las piedras de molino que se han ido pactando a lo largo del el camino. Las posiciones del Estado colombiano se han vuelto fofas mientras los detractores de la ley, asesinos, narcotraficantes, violadores, secuestradores, se han ido fortaleciendo.

Así, el grupo terrorista ha conseguido avanzar con la sinuosidad propia de los comunistas a quienes solo importan sus propios postulados y no los ajenos, alcanzando siempre o casi siempre avances que los favorecerán en un futuro, todo gracias a la transigencia incondicionada de los negociadores del gobierno. Resulta sorprendente que el presidente y su equipo defiendan con dientes y muelas lo que a todas luces, en el sentir colectivo, resulta indefendible.

Esa capacidad que han demostrado tener los alzados en armas de doblarles el brazo a cada paso a los representantes de Santos frente a temas sustantivos colombianos siempre ha estado seguida de un nuevo petitorio. Si ya se pudo lo mucho, es posible seguir presionando para ir avanzado en una nueva concesión. Y así, dando tumbos, pero dotados de una tenacidad impresionante han tallando a su medida  su regreso a la vida civil y el perdón de sus incontable crímenes.

Si se examinan la posición de partida del gobierno y lo mucho que han conseguido los líderes de las FARC –criminales todos de siete suelas– en estas tratativas, es lógico pensar que mucho más allá de las negociaciones de La Habana es ese componente criminal el que ha estado saliendo victorioso y llevando al país a comprometerse con favores hacia los enemigos de Colombia y al establecimiento de una fórmula de convivencia que no los beneficia sino a ellos.

Son muchos los temas en los que la disposición a la transigencia gubernamental es protuberantemente a favor de las fuerzas al margen de la ley: el mantenimiento de las armas en sus manos a cambio del compromiso precario de su no utilización, el despeje de zonas vastísimas del país, las fórmulas de participación pública y política de los guerrilleros; el atrabiliario régimen de justicia transicional, las penas aplicables a los delitos graves, la desvinculación de los acuerdos de paz de los delitos por narcotráfico, la  debida compensación a los afectados  de la guerra, todo ello forma parte de un entramado de beneficios que no tienen por qué ser concedidos a quienes por cinco décadas sembraron al país de dolor.

Solo cabe preguntarse, en la distancia, quiénes son los que hoy gobiernan a Colombia...