• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

El drama de la frágil clase media

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La composición y el tamaño de la clase media no se definen con los mismos indicadores socioeconómicos en Europa o en Estados Unidos. En China los parámetros para determinar su estructura y alcance son harina de otro costal y envuelven nociones muy diferentes de las comúnmente practicadas en Occidente.

Dentro de esta categoría se encuentran un contingente de consumidores móviles, migrantes en ascenso, dentro del cual caben 270 millones de personas. El segmento se ubica socio-demográficamente entre los campesinos de tierra adentro y los habitantes con un significativo –aunque no alto aún– nivel de holgura económica, que habitan las ciudades costeras.
Lo que los singulariza no es tanto su ingreso –que puede ubicarse en los alrededores de 14 dólares diarios– sino su movilidad constante, la inestabilidad de su arraigo.

El destino económico de estos trabajadores migrantes, que es tan vasto como una quinta parte de la población del gigante de Asia, es el gran reto de los líderes en Pekín.

Si bien los enclaves urbanos hoy albergan 54% de la población total, apenas 35,7% de ellos son considerados estadísticamente para el goce de los beneficios sociales que determinan la calidad de la vida: acceso a la educación y acceso a la salud. Queda, entonces, por fuera un abultado número de ciudadanos desprovistos de protección y cuyo destino probable es el retorno al campo y a la pobreza.

Ello explica el carácter nómada de inmensos grupos humanos que buscan temporalmente refugio en el trabajo y los salarios que ofrecen las ciudades, sin poder generarles una estabilidad en el ingreso a sus familiares que quedaron en las zonas rurales de las que estos trabajadores provienen.

Además, la desaceleración económica del país, lo que es una previsión ineluctable para los próximos años, no augura un futuro promisor a estos integrantes de la clase media, quienes al igual que en otras partes del mundo deberían ser el elemento más dinámico de la sociedad.

Basta con recordar que durante la crisis financiara mundial del año 2008, cuando la demanda por productos chinos colapsó a escala global, más de 25 millones de chinos dejaron de buscar trabajo en ciudades o fueron despedidos de sus empleos y tuvieron que renunciar a su condición de clase media urbana para refugiarse, de nuevo, en la vida de labriegos pobres del interior.

El cuadro anterior es agravado por el hecho de que hay elementos que favorecen la fuerte atadura que amarra al campesino al campo y que le niega la posibilidad de progresar social y económicamente. La prohibición gubernamental de vender sus propiedades rurales provee al ciudadano del interior de una seguridad relativa, ya que lo condena fatalmente al retroceso económico si sus esfuerzos de progreso fallan por causa propia o por el descalabro del país.

En definitiva, no es poca cosa enfrentar la estabilidad de este grupo social itinerante, pero es indispensable para dotar al país de una fuerza laboral pujante, motivada, pero sobre todo comprometida con el modelo económico escogido por los líderes nacionales. Esta condición de vulnerabilidad de la clase media determina un malestar creciente y hasta ahora indetenible en una masa colosal de trabajadores tan grande como tres veces la población de México.