• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Los derechos de los niños chinos

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En China un número muy elevado de niños son abandonados por sus padres cada año. Una mezcla de conducta inmoral y el descuido del Estado se dan la mano para que tal atrocidad no haya sido detenida. Por décadas, la política de “un solo hijo” contribuyó a generalizar la práctica del abandono de los recién nacidos si al venir al mundo se trataba de un segundo hijo. Las hembritas eran desechadas con frecuencia –abortadas o simplemente abandonadas– por la marcada preferencia de la pareja por él bebé varón que mantendría a sus padres al llegar a edades avanzadas y que es más fuerte y útil para el trabajo rural.

En las comunidades pobres la enfermedad de un niño, aun hoy, puede provocar su abandono cuando la familia no cuenta con los recursos para pagar su curación. Cuanto más grave la dolencia del hijo, más los propios galenos son quienes aconsejan a sus padres su abandono.

Existen casas de cuido estatales que reciben a estos bebés y niños no deseados por sus padres y estas, con presupuestos muy precarios, están dedicadas a proveerles lo indispensable para mantenerlos con vida hasta que aparezca una pareja capaz de adoptarlos. Pero la mayoría de los niños abandonados se encuentran enfermos lo que imposibilita su colocación en un hogar. Las edades de los niños abandonados ha comenzado a aumentar. Se están viendo casos de infantes enfermos que han sido entregados por sus padres a los 9 y más años. Niños con necesidades especiales deben esperar en promedio 5 años para que una pareja se intereses en ellos. Y los costos de adopción pueden elevarse hasta 30.000 dólares. 

La pobreza extrema en la que viven 36 millones de personas y la pobreza en la que se mueven 92 millones de personas son caldo de cultivo para el maltrato infantil. Dentro de esta última cifra se cuentan 6 millones de niños menores de 6 años que sufren malnutrición, según un estudio del diario oficial Global Times, sin que se haya instaurado una política para romper el ciclo de pobreza que los penaliza. El estudio revela que en áreas rurales, niños pobres de 6 años tienen la misma altura que alcanzan a los 3 años los menores que viven en las ciudades.

Además, un contingente elevadísimo de infantes está sufriendo la consecuencia del éxodo masivo de padres a las ciudades en busca de un mejor porvenir. El desarraigo familiar produce otro complejo problema consistente en que al menos 6 millones de niños estén siendo educados hoy por sus abuelos analfabetas en las alejadas comunidades rurales. Hay que imaginarse el porvenir que les espera.

Así las cosas, la ignorancia por parte de la población en el reclamo de sus derechos y la lenidad por el lado de los líderes de la política son los causantes de una poderosa distorsión que mostrará consecuencias desastrosas en los años por venir. Mientras esto ocurre a nivel de los desposeídos en el gran coloso asiático, las estadísticas de la riqueza muestran que China ha alcanzado la estratosférica cifra de 875.000 millonarios en dólares americanos. ¡Menuda paradoja!

El drama es que no existen fuera de sus fronteras voces que se alcen para ayudar a enfrentar el problema y a hacer valer los derechos de tantos niños.