• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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La corrección china: ¿nuevo crack mundial?

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Aunque los mercados de valores parecerían estar más quietos después de las turbulencias de las pasadas semanas provocadas por la corrección de la política cambiaria en China y la devaluación del yuan, no puede pensarse que la calma se ha reinstalado y que todo seguirá funcionando como antes.

La nueva política de crecimiento del coloso de Asia está allí para quedarse y ella provocará importantes reacomodos en el mundo entero. Es claro que nos encontramos frente a un descalabro mundial de grandes proporciones y no frente a una sacudida coyuntural de la que los países se recuperan con la instrumentación de algunas medidas momentáneas y puntuales. Es seguro, también, que en adelante vamos todos en el planeta a hacerle frente a la inseguridad, la ausencia de predictibilidad, a la volatilidad y al temor de que cualquier medida implementada por China presente un impacto tal que eche por tierra los planes y proyectos de naciones grandes y pequeñas.

Pero existe conciencia a nivel de los líderes económicos en Pekín del hecho de que una desaceleración mundial ni es sana para quienes la enfrentan ni tampoco para esta nueva China que está naciendo basada ahora en su capacidad de producir para exportar bienes al exterior. Más bajos precios de las materias primas básicas, lo que será la primera consecuencia de una menor demanda de importaciones de parte de las industrias y el conglomerado consumidor chino, se traducirá en menos ingresos para los países exportadores de las mismas, más bajos niveles de crecimiento y, consecuencialmente, menores demanda de los bienes terminados chinos. ¿Para qué le sirve a China, pues, que sus principales socios comerciales no puedan generar los recursos necesarios para promover un crecimiento sostenido y una demanda robusta de importaciones?    

Brasil es un buen ejemplo por su estrecha relación comercial con el gigante. Con más de 40.000 millones de dólares de ingresos por ventas a China, las empresas brasileñas de los sectores exportadores han basado su estrategia de negocios para los años a venir en la demanda de un enorme país de dinámica creciente. Las reacciones en cadena en la economía doméstica se harán sentir en breve cuando estas corporaciones se adapten, a través de su redimensionamiento a la baja, despidan personal y generen menos impuestos a la nación. El gobierno de Rousseff, ya debilitado por razones de índole política, tendrá un nuevo frente que atender en medio de sus propias tribulaciones. El consumo de productos de origen chino se verá necesariamente impactado provocando un círculo perverso que redundará, por igual en menores ingresos para los asiáticos.

Este impacto global de la corrección china que se sentirá en cada país en su medida y las maneras de resolverlo será objeto de tratamiento intenso en el próximo viaje de Xi Jinping a reunirse con los líderes norteamericanos. A ninguno de los dos países –los dos más grandes del planeta– le conviene la inestabilidad y volatilidad que se encuentran en el radar de las relaciones económicas globales. No habrá un nuevo crack, pero sí nos encontramos frente a una nueva forma de relacionamiento y de interdependencia, de la cual China ha pasado a ser un factor determinante. Solo que Estados Unidos está allí para temperar la crisis. Del descalabro bursátil de 2008 aún el mundo no se recupera por entero...