• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Con “cabeza fría”

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Un paso en falso de las FARC y otro del presidente Juan Manuel Santos han colocado en la cuerda floja el proceso de paz.

La violación del cese el fuego unilateral de las FARC que dejó de saldo 11 uniformados muertos y 20 heridos en el Cauca colombiano ha puesto de relieve varias cosas, siendo la primera de ellas que los frentes guerrilleros están totalmente divorciados del accionar de los líderes de la organización que se sientan en la mesa de La Habana. En plena recta final de las tratativas, no puede un componente insurgente ignorar olímpicamente el compromiso de sus negociadores ante el proceso de paz, decidiendo organizar un atentado monstruoso en contra de efectivos de las Fuerzas Armadas colombianas.

En una actitud pueril, los altos jerarcas terroristas pretenden lavar su responsabilidad manifestando que el evento sangriento fue solo un ejercicio de legítima defensa en respuesta a un ataque de los uniformados. La realidad contada por los mandos militares es que el asalto se produjo durante la noche, mientras los integrantes de la columna militar dormían en Timba.

El ataque denota que no existe tal cosa como un mandato de representación de la base de las FARC hacia quienes ejercen su vocería en La Habana. Esta insubordinación en contra los compromisos asumidos por las cúpulas de su organización no es nueva y se ha presentado en cada ocasión en que los jefes guerrilleros han intentado pactar una desmovilización y entrega de armas.

Este frente guerrillero rebelde tiene muy claros los perversos efectos que una masacre como la ocurrida tiene en el proceso de pacificación que, en el parecer de Juan Manuel Santos y de los jerarcas de las FARC, ya lleva viento en la popa. Los criminales sabían de la existencia de una tajante orden presidencial a sus militares de no bombardear columnas guerrilleras, una prohibición que impidió que la Fuerza Aérea fuera en salvamento de los agredidos, quienes a lo largo de varias horas habían mandado solicitudes de auxilio. Por ello el ensañamiento. Esta irresponsable directriz involucra la responsabilidad presidencial en la matanza y más de un analista en Colombia así lo reclama.

Tan grave como lo anterior es que sea el propio mandatario quien asuma una actitud banalizante de este vergonzoso y sangriento capítulo. El presidente de los colombianos no las tiene todas consigo a la hora de contar con el indispensable respaldo de la fuerza pública para ese proceso de paz que lleva la marca “Santos”. Es un criterio arraigado en la población militar que el mandatario ha otorgado concesiones en exceso dentro de su afán por acreditarse algún género de acuerdo. A quien fue ministro de la Defensa no puede pasársele por alto que, además de poner los muertos, el honor de sus Fuerzas Armadas sigue siendo mancillado…

La realidad es que no ha existido nunca el ánimo guerrillero de desescalar el violento conflicto. Las muestras de poder de fuego son reiteradas constantemente por los narcoterroristas. Ante ello, la respuesta de Santos ha sido la de prohibir los ataques de sus efectivos a la guerrilla para estar en el juego en igualdad de circunstancias. La blandenguería presidencia la está pagando el país hermano en sus más arrojados hombres, los militares. Y Mientras los colombianos lloran y entierran sus muertos, la narcoguerrilla pide al gobierno en La Habana analizar su masacre “con cabeza fría”.

Así las cosas, frialdad es lo que le sobra a Juan Manuel Santos para seguir adelante en su proceso de paz, sin mirar para los lados. Lo que cuesta imaginarse es cómo hará el jefe del Estado para atajar el desprestigio del proceso y el de su propia imagen.