• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Lo acumulativo del destrozo

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La semana que pasó circuló profusamente por las redes un mensaje que “mutatis mutandis” decía algo como esto: “Así nos han llevado durante estos últimos años y no nos percatamos... Con el dólar paralelo ya a 215 bolívares olvidamos que mataron a un chamo de 14 años por protestar en Táchira… Con la muerte del chamo olvidamos que metieron a Ledezma preso con conspirar…Con la captura de Ledezma se nos olvidó que a Leopoldo López lo sancionaron en su prisión duramente por la osadía de haberle declarado a CNN... Con la sanción de Leopoldo se nos olvidó la devaluación que nos lanzaron en cadena, la peor de nuestra historia… Con la devaluación se nos olvidó el barullo que reventó en el Banco HSBC donde se demostró que somos el país con más depósitos irregulares después de Inglaterra y antes que Estados Unidos… Con el caso de HSBC olvidamos la existencia en Venezuela de un supuesto Cartel de los Soles relacionado con el narcotráfico internacional…”.

Así rezaba el angustiado texto que reventó los teléfonos celulares de los compatriotas, aquí y fuera de las fronteras, para terminar razonando que en esto llevamos 16 años: pasando la página sobre las atrocidades reiteradas desde el gobierno contra el país y sus ciudadanos, sin que haya sido posible, por lo repetido y continuo, organizar una protesta adecuada al tenor de tanta tropelía….  

La verdad es que la letanía digital que alguien acertadamente montó si es demostrativa de los excesos, crímenes y violaciones de derechos que ocurrieron en apenas dos semanas y de cómo el proceso del destrozo de la institucionalidad en el país se ha acelerado hasta el punto de que, en la desesperación gubernamental por su pérdida de arraigo dentro de los administrados, cualquier cosa resulta válida para inocular temor y para mostrar a propios y extraños, cuán osada en el irrespeto de la constitucionalidad es la garra del totalitarismo que nos gobierna.

Todo lo anterior resulta cierto. Y dramático también es el hecho de que, en el acumulado de los desafueros de los últimos días, se han involucrado, de una manera o de otra, todos  y cada uno de los poderes públicos que están diseñados, justamente, para salvaguardar los derechos de la ciudadanía venezolana.

Lo que no expresaba el mensaje cibernético es que son cientos, miles, las demostraciones de excesos de poder que los venezolanos han ido acumulando a lo largo de los años en que nos convirtieron al país en un bagazo. Y que esa acumulación no expresada se ha traducido en un cansancio y en una intolerancia hacia las ilegalidades que, al juntarse con la desesperación ciudadana por el deterioro de sus condiciones de vida, terminarán por penalizar al gobierno y sus representantes en las urnas electorales en algún momento antes del fin del año. Ello no es poca cosa, porque a partir de un cambio en la composición de uno de los más importantes poderes del Estado, el Parlamento, el retorno al país que todos anhelan se hará posible, indetenible e irremisiblemente.

No hay que ver los hechos luctuosos, vergonzosos, ilegales y violentos de los últimos días a que hacía mención el citado mensaje digital más que como gestos desesperados para intentar revertir el curso de los tiempos y contener lo acumulativo de los destrozos causados con alocadas demostraciones de fuerza y de poder.

Es tarde ya… la copa ciudadana está demasiado llena y lo estará más aún cuando nos toque votar.