• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Venezuela ya no es la favorita

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Caracas ya no es más el perfecto aliado de Pekín en el continente.

No data de ayer el distanciamiento que está teniendo lugar entre los dos países, y las razones son múltiples.

Un interesante artículo del Financial Times da cuenta de cómo América Latina sigue siendo un importante destino para las inversiones chinas, pero las preferencias del gigante están migrando de unos países hacia otros.

La nueva estrategia de relacionamiento externo de la gran nación asiática tiene como telón de fondo la caída de los precios del crudo. Este hecho la ha llevado a decidir que sus inversiones en los países altamente dependientes de sus ingresos petroleros deberán ser menores y más cautelosas que en el pasado.  Los países petroleros contarán con menos recursos para acompañar las inversiones externas que incursionen en sus territorios. La dinámica económica nacional y la planificación del futuro se tornarán vulnerables y estarán más sometidos a las turbulencias de los mercados.

La racionalidad económica aconseja, pues, no arriesgarse con el otorgamiento de créditos a países cuya capacidad de pago ya está disminuida y donde los incumplimientos serán lo corriente.

La realidad es que los principales países de nuestro vecindario que han ejercido atracción sobre las inversiones de China son aquellos que han gozado de la doble condición de ser petroleros y de, al mismo tiempo, mantener con Pekín un mayor grado de sintonía ideológica. Los decibeles más altos se han encontrado en Venezuela, gran proveedor de crudo del gigante de Asia y, además, un país que exhibe una inequívoca y apasionada concordancia con los postulados comunistas que aún hoy imperan en las huestes del PC chino.

Ecuador y Brasil son otros dos buenos socios del pasado que hoy están bajo la lupa china, por la pérdida del poder económico que es consecuencia de la debilidad de los precios petroleros.

Sin embargo, Brasil, por su talla y presencia en los escenarios económicos mundiales, será quien tome el puesto vacío que está dejando Venezuela en la atención y preferencia china.

El caso venezolano tiene a los chinos con insomnio. Su descalabro económico es de enormes proporciones y luce irrescatable sin un cambio de timón. Las inversiones de largo plazo que han sido acometidas con fondos conjuntos, como el ferrocarril de alta velocidad, están paralizadas por la incapacidad gubernamental de acompañar el pari-passu financiero de sus socios y por su ineficiencia en el manejo de proyectos.

Si a ello le agregamos los temas de corrupción rampante en los negociados del Estado venezolano que pudieran salpicar a funcionarios de la contraparte china, encontraremos una explicación adicional al distanciamiento que se estaría gestando en la ecuación chino-venezolana y que terminará favoreciendo a terceros.

En los 4 últimos años China ha desembolsado a la región  90.000 millones de dólares, una suma bastante más abultada que la destinada por el Banco Mundial y el BID a los mismos fines. No hay razón para pensar que América Latina dejará de ser un importante enclave de alianzas, pero, por los vientos que soplan, se orientarán más a lo comercial que a la inversión de riesgo y al aporte de fondos de financiamiento.