• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

Sumar peras con manzanas

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Un hábito ancestral de todo gobierno de izquierda radical es el de restar veracidad a todo aquello que pueda arrojar un velo de duda sobre el correcto o eficiente desempeño del gobierno. China no es una excepción y el mejor ejemplo de la negación de lo que es evidente, es la actitud asumida por los gobernantes en Beijing en torno al tema de la colosal deuda del gobierno que ha puesto a temblar al mundo entero desde los últimos días del año recién terminado.

Ocurre que los niveles de endeudamiento de las regiones del interior alcanza 55% de su PIB, una situación que pone a prueba la capacidad del país de sostener su crecimiento económico en el futuro cercano y que pudiera ser el anuncio de una desastrosa crisis financiera con un impacto global de envergadura. En menos de 3 años, las deudas adquiridas por las provincias han escalado hasta 3 billones de dólares ($3.000.000.000.000) a través de mecanismos paralelos a los bancarios. Es sobre la base de fórmulas poco ortodoxas de endeudamiento con garantía sobre la tierra, que ha sido posible expandir las economías regionales y cumplir con las metas impuestas desde la capital. 

En las pasadas semanas el sector oficial, ante la estridencia que estas cifras han ocasionado domésticamente y en el exterior, ha asumido dos posiciones: la primera es advertir a la prensa especializada sobre la  inconveniencia de “inflar” la cobertura de los problemas del mercado financiero y asimismo exigir, con instrucciones detalladas, una actitud patriótica a los medios de comunicación frente a los que son considerados asuntos sensibles, susceptibles de socavar la legitimidad del Partido Comunista. La pesada deuda es uno de ellos, aunque no el único. El poderoso departamento de propaganda del partido comunista y algunas otras oficinas gubernamentales encargadas de los asuntos comunicacionales oficiales se las han arreglado para que el tema no coja vuelo.

Igualmente las autoridades han procedido a publicar una auditoria oficial efectuada sobre las cifras nacionales -la tercera en tres años- de manera de exhibir cifras que les permitan sustentar la tesis de que la contabilización de algunos pasivos contingentes es lo que ha generado el pánico colectivo. De acuerdo a sus propios cálculos, un tercio de las deudas globales caen dentro de esa categoría y, de ser ellas deducidas de los montos totales, el nivel de exposición del sector público chino apenas alcanzaría 39% de su PIB, lo que no es muy diferente de la situación de Japón y un buen número de países europeos. Es decir, intereses subterráneos han estado sumando peras con manzanas.

Lo trágico es que a todos estos tortuosos cálculos oficiales habría que sumarles igualmente otras manzanas que el gobierno tampoco ha contabilizado en sus reportes y auditorias y es la que tiene que ver con la deuda corporativa, la que asciende a más del 110% del PIB de la gran nación. También en la capital estiman, que la deuda corporativa de empresas estatales no siempre debe ser considerada totalmente deuda de la nación. Si a todo lo anterior se suman los endeudamientos del gobierno central. China inicia el 2014 con una exposición financiera que supera 200% su PIB,

En síntesis, la opacidad de los indicadores y cifras macroeconómicas chinas siempre ha aportado una buena dosis de inseguridad a los observadores. La censura impuesta a la prensa, desde el pasado diciembre no hace sino agregarle inquietud frente a la crisis que pudiera estar en puertas.

Y es que hablamos de un astronómico endeudamiento del gigante que es hoy la segunda economía mundial.