• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Sinocentrismo: ¿protegerse o retaliar?

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Toda la semana pasada se desarrolló en el corro internacional sin que ninguna de las naciones pudiera quitarle el ojo a China y a la depreciación de su moneda.

Es que dinamizar su crecimiento a través de la promoción de las exportaciones y no del consumo de sus habitantes, como ha sido la práctica del gigante en los años recientes, muestra un cambio significativo en la brújula de la política económica del gigante. Una nueva estrategia de expansión debía presentarse por estas fechas toda vez el Dragón de Asia está mostrando, para este 2015, su más débil crecimiento de los últimos 25 años.

No son solo los motivos que impulsan a la primera economía del planeta a tal cambio los que hay que mantener en revisión. Es más importante aún anticipar las consecuencias, a título individual, de manera de adecuar sus propias decisiones de política económica interna y sortear las turbulencias que vienen asociadas.

Una devaluación del yuan cercana al 2% afecta al mundo entero de manera dramática pero América Latina está integrada por un conjunto de países que sale muy mal parado de esta novel política por la contundente dependencia de sus exportaciones de la demanda china. El cambio de seña tira por la borda los enormes esfuerzos que países de mucha envergadura en el Continente vienen haciendo para hacerse más competitivos en un ambiente que se mueve hacia la depresión de los precios de materias primas y productos básicos que son el fuerte de las ventas externas continentales.

El tema desvela a cualquiera. Estemos claros: China lo que aspira es a exportar más y a importar menos. Menos importaciones equivalen a menos ingresos para los países proveedores. Solo imaginemos el impacto para otro gigante emproblemado en lo económico como Brasil, ¡quien pone en suelo chino 40.000 dólares cada año!

Cada país que es socio comercial de Pekín, en su medida y frente a la merma de sus ventas externas, tendrá que generar otras vías para mejorar sus balanzas comerciales, sus balanzas de pagos, el volumen de sus ingresos. Pensemos por ejemplo en Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, México, Colombia haciéndole frente a tal contingencia  en medio de la depresión de los precios de alimentos, del petróleo, de los minerales, materias primas en general. 

Es evidente que el crecimiento regional se verá afectado por este movimiento estratégico del Imperio del Medio.

Por fuera del vecindario, este tsunami no pinta mejor. El interrogante para los grandes del planeta frente a la avalancha de productos chinos y la reducción de sus ingresos por exportaciones no será ya como protegerse sino como atacar a su vez. A las distorsiones comerciales se sumará la masiva salida de capital de China que no encontrará un refugio seguro y confiable en otros puertos. Estamos, pues, enfrentando una coyuntura en la que tiene sentido  pensar que los poderosos batallarán contra la depresión profunda que puede provocar el reacomodo del yuan. La tentación de equilibrar los procesos a través de devaluaciones de otras monedas encaminadas a no perder competitividad, no lo dudemos, va a estar en el orden del día con perniciosas consecuencias para todos.

China ha desatado un tsunami de consecuencias aún impredecibles. Mientras China usa su moneda para recuperarse, bailaremos todos, débiles y poderosos, al son de la música que toquen en Pekín.