• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Sexo, conservatismo y permisividad

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Algunos indicadores muestran que se están produciendo en la población China cambios actitudinales significativos frente a temas de moralidad social que antes se consideraban intocables o que constituían importantes tabúes. ¿Será que las tendencias igualitarias occidentales han terminado por permear y por ablandar los usos de la población y la moralidad del gigante chino en temas como la homosexualidad, en particular?

Es cierto que China nunca estará a la vanguardia de las revoluciones en estos terrenos, pero algunos hechos van indicando que las actitudes conservadoras pudiera estar conociendo un viraje. Cuando pensamos que hace poco menos de 20 años las personas que declaradamente actuaban como homosexuales, podían ser encarceladas por el crimen de hooliganismo, y que el Ministerio de Salud consideraba hasta 2001 a la homosexualidad como una enfermedad mental, llama poderosamente la atención que a inicios de esta año, las autoridades locales de Changsha hayan autorizado formalmente el matrimonio entre personas de un mismo sexo. Es un salto colosal en la permisividad social.

No se trata de que una tendencia mundial inercial en favor de extraer del closet a aquellos que aún no lo han hecho, haya contagiado al gigante de Asia y haya obligado a hecho a una sociedad pacata a poner al lado principios ancestralmente atornillados en las costumbres. No. La sociedad china en su conjunto, salvo excepciones a nivel de los estratos más jóvenes, sigue castigando con un hielo total a quienes practican la homosexualidad y por esto, ella sigue siendo muy poco frecuente o al menos se disfraza con algún nivel de eficiencia. Encuestas recientes dan cuenta de que mientras solo 2% de los hombres gays y 5% de las mujeres lesbianas se animan a mostrar sus preferencias homosexuales, todavía en las calles se ven avisos de clínicas privadas donde se ofrecen tratamientos para curar la enfermedad  

Pero ocurrió a inicios de 2016 que un hombre acudió ante los tribunales para exigir el derecho que le asiste a casarse con una persona de su mismo sexo, a lo que el tribunal accedió preliminarmente. Esta decisión le facilitaría, en principio, la vida al colectivo de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT) al otorgarle a un hombre homosexual el derecho a casarse con su pareja. Pero todo no es tan hermoso como lo pintan. Es cierto que ello le abre el espectro de la legalidad a este tipo de uniones, pero no hay que creer, sin embargo que la batalla está ganada. La Ley de Matrimonio china, no dice expresamente de que esas uniones se deban realizar entre personas de distinto sexo, lo que da pie a los conservadores a bombardear la osadía tribunalicia.

Pero al propio tiempo, una especie de rebeldía aun amorfa y poco estructurada se está comenzando a manifestar.

 Mientras el Presidente chino Xi argumentaba recientemente que el arte debe estar al servicio del socialismo, ya está en las carteleras una película de factura local en la que dos jóvenes gays se animan a viajar juntos por el Tibet. Ninguna escena es agresiva ni ofensiva para los conservadores en el film “Looking for Rohmer” pero es claro que el desafío está en pleno desarrollo. También en esta ocasión fue la propia censura gubernamental la que aprobó su aparición.

Algo emblemático está comenzando a ocurrir y una transformación está en marcha, en lo privado y también en el orden de lo público.