• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Santos: ssshhh…

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Mientras cada día la agresividad del gobierno venezolano en contra de Colombia se va acentuando de manera creciente, el silencio elocuente del mandatario colombiano no pasa desapercibido.

La prensa oficial, los blogs y sitios web del PSUV no dejan pasar ocasión para mostrarles los dientes a algunos colombianos a quienes se acusa no solo de formar parte de un eje tripartito de guerra internacional-España, Estados Unidos y Colombia- cuyo propósito sería descalabrar a la revolución bolivariana. Ahora, además, horrorosos crímenes perpetrados contra figuras de las huestes chavistas les son endosados a fuerzas políticas colombianas para de esa manera ilustrar mejor la tesis de que una conspiración se estaría armando contra el gobierno de Nicolás Maduro por parte de agentes del mal ubicados en ese país.

Los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana, por razones diferentes, se han convertido en objetivos políticos venezolanos sin que las acusaciones de todo género, en contra de uno y otro de sus predecesores, le produzcan ni frío ni calor al presidente de los colombianos. Juan Manuel Santos ha resuelto mirar para otro lado quizá porque la animosidad rojita y la descalificación externa de figuras cimeras de la política colombiana le resulta útil para su propio proyecto actual.

Pero cuando los dardos venenosos venezolanos van dirigidos en contra del poder legislativo colombiano, cuando la agencia oficial de noticias Aporrea califica al augusto Congreso de la República de Colombia de ser un “estercolero”, por haberse atrevido a exigir la libertad de los presos políticos o la aplicación de la Carta Democrática Latinoamericana al proceso electoral parlamentario en ciernes, no caben medias tintas. De cara a los ciudadanos a quienes Santos gobierna, cualquiera que sea su tolda de militancia, lo que sería una actitud digna es una muy contundente exigencia de respeto a los venezolanos de parte de quien se anuncia, ante Colombia y ante el mundo, como un demócrata convencido y practicante.

Es difícil imaginar hacia donde apunta la cómplice indiferencia de Juan Manuel Santos en esa difícil hora para los derechos de los venezolanos. El presidente puede ignorar olímpicamente la dramática situación que se manifiesta flagrantemente del otro lado del Arauca, mientras al propio tiempo alienta el deseo de unas fructíferas relaciones comerciales con el vecino.  Lo que no puede es eludir la responsabilidad que le atañe como gobernante frente a sus propias instituciones y de cara a quienes son líderes indudables de la sociedad que gobierna.

Juan Manuel Santos puede desear evitar protagonismo en temas espinosos o intentar ponerse a buen resguardo del juicio de la Historia. Pero la Historia es implacable: en estas importantes materias que tienen que ver con los derechos de los individuos son igualmente responsables los fundamentalistas que quienes intentan pasar agachados.