• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Samper, el mediador

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Con mal pie arrancó la visita del nuevo secretario general de Unasur a Venezuela la semana pasada.

Ernesto Samper no es un observador poco avezado, por lo que cuesta entender lo que lo mueve a pronunciarse tan equivocadamente sobre nuestro país afirmando que “Venezuela se encuentra en buenas manos con Maduro para que siga la labor social de Chávez”.

De dos, una: o el expresidente no cuenta en su entorno con asesores que le hagan ver la realidad que vive este país en el ámbito, justamente, de sus clases sociales más desfavorecidas –lo que resulta altamente improbable–, o bien su afán de congraciarse con su anfitrión de estos días pasados lo hace ser obsequioso hasta el nivel de lo ridículo.

Vale entonces recordarle al colombiano que horas apenas antes de sus afirmaciones el Banco Central de este país daba a conocer las cifras que se había guardado por semanas en relación con la inflación y otras variables macroeconómicas de un país que se está yendo a pique. Toca entonces interrogarse si 90% de inflación en alimentos, tanto para los pobres como para el país entero, en el último año, resulta ser para él una ejecutoria plausible del actual régimen que sigue los pasos sociales de su antecesor. Eso después de cinco años con una inflación acumulada de más de 500%.

Alguien tendría que haberle contado al mandatario que las misiones sociales están en bancarrota; que la mayoría de los módulos de Barrio Adentro están paralizados; que los hospitales y clínicas no tienen anestésicos ni suturas; que la morgue sola de Caracas recibió más de 80 inquilinos en el fin de semana anterior a su llegada y que más de 100 agentes del orden han sido asesinados en lo que va de año; que el desabastecimiento de lo esencial tiene arrodillada precisamente a la clase más desposeída; que hacia su país huyen centenares de familias buscando en Colombia el futuro que no se encuentra aquí.

Más difícil de entender resulta la temporal amnesia presidencial cuando el mismo personaje Ernesto Samper se considera con crédito suficiente para pretender que sea su persona quien actúe como pivote de un acercamiento entre el gobierno y la oposición venezolana.

Para ello es bueno que el mediador arranque por no colocarse abiertamente de uno de los dos lados de la ecuación y banalizar o negar la existencia del drama colosal que se vive en todas las clases sociales dentro estas fronteras. Hace falta que no arme loas en favor de uno de los dos lados que pretende acercar y que se dote de todo el conocimiento acerca del desenvolvimiento de 15 años de revolución que han desangrado al país y terminado con las esperanzas de los venezolanos de todos los estratos. Debería, por último, leer las encuestas para enterarse de lo que piensa hoy la ciudadanía y particularmente los segmentos por los cuales dicen haber peleado los gobiernos de Chávez y Maduro.

Pero quizá todo ello es demasiado pedir al flamante nuevo secretario de Unasur en cuya cabeza deben bullir otras preocupaciones. Como, por ejemplo, cómo hacer para que subsista la organización que le pusieron entre las manos los gobiernos y conseguir que no se hunda también en el intento, dentro de su mandato.