• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Rajoy insultado, pero…

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Nunca el lenguaje pendenciero fue un rasgo distintivo de los presidentes venezolanos. Tengo años suficientes para haber podido observar el tono y forma comunicacional de nuestros mandatarios. De un tiempo a esta parte nos ha tocado escuchar –sin acostumbramos, por cierto– a un estilo grosero y agresivo de parte del alto gobierno cuando algún hecho consigue sacarlo de quicio.

La grosería ha comenzado a hacerse presente para mostrar malestar acerca de posiciones o hechos que envuelven a la oposición o sus postulados. No hay otra manera revolucionaria de defenderse que el insulto.

Desde la presidencia de Hugo Chávez y el célebre “huele a azufre” en una Asamblea General de Naciones Unidas, para burlarse del presidente de Estados Unidos, George Bush, los desacuerdos o las simples antipatías del alto gobierno venezolano han comenzado a expresarse con un lenguaje cáustico, soez, inapropiado, circense, a través del cual los protagonistas intentan ganar tribuna universal mediante el irrespeto olímpico y público de las convenciones universales. Consideran que es una manifestación superlativa de fortaleza el exhibir abiertamente desprecio al uso de las formas.

Esta vez el objetivo fue el presidente Mariano Rajoy y el lenguaje no pudo ser más descolocado. Nuestro presidente, en un exceso verbal inaudito llamó “racista, basura corrupta y basura colonialista” al jefe de gobierno español en funciones, Mariano Rajoy. La razón de tal desatino hasta el presente no es evidente, pero es posible atribuirlo al último discurso de Rajoy en el que asumió una gallarda posición acerca de la ausencia de libertades en nuestro país.

Pues bien, ni una palabra de vuelta profirió el mandatario groseramente increpado y se limitó a exigir el debido respeto usando la diplomática fórmula del retiro de su más alto representante diplomático. Hasta allí.

Hilando fino, hay que imaginarse que el Partido Popular de España debe estar harto agradecido de la irreverencia, por lo mucho que tal abrasiva descalificación del presidente podría ayudar al PP en el difícil trance electoral en que se encuentra hoy. Nada hay que sirva de mayor aglutinante en torno a una figura destacada, que una agresión inmerecida y por demás grosera y abusiva. No es difícil imaginar que los españoles pueden ser apasionados en esta materia.

Al final va a resultar que el insulto mal proferido y gratuito de un enemigo terminará dando el espaldarazo que Mariano Rajoy necesita para el proceso de formación de gobierno o de nuevas elecciones que su partido debe encarar en las semanas que siguen.

Una buena ayudadita le dio el gobierno a Rajoy, no cabe duda.

Es que no arriman una al mingo…