• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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¿Pueden Rusia y Estados Unidos medirse con China?

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El prestigioso semanario The Economist, esta semana que pasó, asumió una singular posición sobre el papel que China podría querer jugar en torno al ejercicio de poder que Rusia está desarrollando en Siria y al que Obama está queriendo hacer valer en los mares del sur de China. Una imagen de Putin, Obama y Xi en torno a una mesa de póquer da cuenta del conflicto que se desarrolla en torno a estos temas del momento.

Es cierto que el gobierno chino no quisiera quedarse fuera en el reparto de influencia que Estados Unidos y Rusia van a querer establecer dentro del capítulo sirio, ahora que Bashar al Assad comienza a flaquear y a mirar hacia afuera en busca de soporte externo. Es que al tiempo que el cansancio político y militar toca a la puerta de Damasco, Rusia, velozmente –¿y China?– se aprestan a darle una mano decisiva y a jugar un papel determinante en la región.

Solo que habría que preguntarse si Rusia tiene con qué hacerlo y si los americanos están dispuestos a dejar que Putin tome preeminencia en la zona. Y si China, desde su trinchera, les dejará el espacio libre a los otros dos gigantes para desarrollar allí un área de influencia altamente significativa para la paz mundial. Todo parece indicar que los movimientos militares chinos de las últimas semanas van en el sentido de apoyar militarmente a Rusia, con lo cual no adversan frontalmente a Estados Unidos pero se hacen sentir en el conflicto regional.

La otra batalla política y diplomática se está jugando en las aguas que existen entre Vietnam y Filipinas. Todo parece indicar que Estados Unidos va en breve a sacar la carta del reclamo de su derecho de navegar en zonas que China proclama o considera propias, o al menos actúa como tal, en sus mares del Sur. Estas regiones se encuentran dentro de los límites territoriales marítimos que la comunidad internacional les reconoce a los Estados ribereños.

En la región del mar de China Meridional, debido a la ausencia de otras naciones, las autoridades navales, por decisión de Pekín, han ido ocupando espacios y creando islas en cada sitio que pueden, manteniendo actitudes hostiles en relación con terceros en la zona y ejerciendo una preeminencia que legalmente no les corresponde. Al menos hace dos décadas los americanos actuaban allí a sus anchas. Ahora, a fuerza de incursionar en las aguas regionales de terceros, los buques chinos han impuesto una suerte de statu quo que legitimaría una presencia cada día más sólida en ellas. Hablamos de un mar de 1 millón de kilómetros cuadrados más grande que el Mediterráneo. 

La tesis del semanario inglés es que China no solo enfrentará, en el corto plazo, una ácida rivalidad con Estados Unidos a causa de su contundente oposición a la presencia china en aguas que deben ser internacionales, sino también desencuentros importantes en torno a su posición discretamente preeminente en relación con el conflicto sirio.

Lo que parece estar claro es que el juego que se va a barajar entre China, Rusia y Estados Unidos, tanto en el campo de la resolución del conflicto sirio como en el de los desencuentros marítimos del mar de China Meridional, ha de ser el de la rivalidad y la desconfianza.

China está cada día más presente y cada día más determinada a jugar un papel nada desestimable.