• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Palo abajo

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No cabe duda de que Juan Manuel Santos se ha jugado su prestigio entero al haber seleccionado a las tratativas de Paz de la Habana como el proyecto estrella de su gestión presidencial.

No le había ido tan mal en el tema, pero no parece que el hada madrina de la suerte, la que lo ha estado acompañando más que la del patriotismo, esté dispuesta a seguir a su lado. La realidad es que ganó las elecciones presidenciales pasadas apenas por un “trisito”, como dirían los vecinos, y aún hoy continúa despachando desde el Palacio de Nariño y con la batuta del proceso en la mano.

Lo que no parece tan evidente es que sus compatriotas quieran seguirle apostando a un proyecto que , en la medida que el tiempo avanza, se va convirtiendo en una salida poco honrosa para los afectados por medio siglo de narco terrorismo, que son todas las familias colombianas.

Estos lo están abandonando a su suerte y Santos se sigue aferrando al propósito épico que lo catapultaría a un lugar muy preferente en la Historia neogranadina: el del constructor por excelencia de la paz colombiana y gran rubricante del desarme de su país.

Le va a tocar al presidente cachaco remar muy duro para que la población le otorgue el aval que aún necesita para terminar de enrumbar las conversaciones con la guerrilla. Porque es que las encuestas de opinión lo están castigando muy duramente en esta hora y punto del proceso.    

Tres de cada cuatro colombianos hoy piensan que el país no transita una buena senda y esos mismos tres consideran que ello se debe a la mala actuación del gobierno. Más de dos de cada tres consideran que la imagen del presidente es mala y 4 de cada 5 estiman que el jefe del Estado no le ha cumplido a los suyos. Solo le viene quedando al mandatario 15% que avala lo que ha estado haciendo en el área de seguridad.

Si se le pregunta a la gente de la calle sobre el avance de los diálogos con los narcoguerrilleros, 69% piensa que el resultado no está siendo bueno. 90% de los colombianos quiere cárcel para los criminales protagonistas de la guerra intestina y 80 % no quiere que se desempeñen y ejerzan en la política interna, como que si en el país todo hubiera estado en calma por las últimas cinco décadas y las FARC fueran un actor político más.

La permisividad de Santos con los criminales le está costando caro pero ello no lo desestimula a seguir en la senda ya prediseñada por él y de la cual no se desvía.

La guinda de la torta es que sus aliados políticos ya intentan tramitar en el Congreso una reforma de la Constitución para modificar las normas y el marco que rigen los temas de la paz y otorgarle al Presidente facultades especiales para transar en este tema.

El fiscal de la Nación así lo ha informado. Sería el pueblo quien le otorgue, a través de un referendo, esos poderes especiales para actuar en solitario.

En pocas palabras, hablamos de una Ley Habilitante, “a la venezolana” como lo está denunciado Álvaro Uribe.

Si esta solución fabricada llega a transitar los vericuetos del Congreso, se celebrará el referendo y el pueblo, aunque cansado del jueguito santista, acudirá a la consulta sin duda porque el tema es de colosal trascendencia. Pero con el nivel de popularidad que acompaña a su gestión, la cuesta les resultará empinada a los asesores presidenciales para que la ciudadanía apoye con su voto el otorgamiento de tales facultades y le rubrique un cheque en blanco a su máximo negociador.

Quedan aún unos cuantos capítulos de esta trascendental saga. Pero mientras la popularidad de Santos y el proceso de La Habana se descuelgan, Álvaro Uribe, goza de un holgado apego de sus compatriotas. 57% hoy lo respalda sin restricciones.

Veremos