• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Obama

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En la agenda de los “pendientes” de la bien atornillada cabeza del presidente de los Estados Unidos el “Capítulo Venezuela” siempre tuvo un puesto asignado. Solo hay que cavilar un poco sobre las ejecutorias de este hombre de verticales principios proveniente de los estratos humildes de su país, para entender que la hora de actuar en nombre de la Democracia y en contra de los desatinos venezolanos de los últimos 15 años llegaría indefectiblemente.

Graduado de abogado con honores en la Universidad Harvard, primera casa de estudios estadounidense, y senador electo por el estado Illinois, este hombre que recibió la Presidencia por aclamación, no ha dejado de cumplir ninguna de sus promesas electorales.

Barack Omaba asumió la magistratura de la nación más poderosa del planeta para hacer frente a su más pavorosa crisis financiera. Hoy se puede decir que, contra viento y marea, puso de vuelta al país en sus dos pies. Ofreció a la nación el fin de las dos guerras que desvelaban a los estadounidenses - Irak y Afganistán-  y consiguió el difícil retorno de las tropas a sus hogares.

Se propuso resolver la amenaza atómica planetaria provocada por Mahmoud Ahmadinejad en Irán y está a dos pasos de conseguirlo en tratativas multilaterales de desarme nuclear.

Secundó a los anteriores mandatarios en el afán de liberar a su país de la dependencia petrolera del pasado y ha avanzado en ese campo como ningún otro.

En el terreno de la defensa de las naciones a autodeterminarse y a hacer valer sus derechos, dio el paso de detener a la poderosa Rusia en su afán invasionista e impuso sanciones a los funcionarios responsables de estos y de otros actos de corrupción.

Hoy en día, cuando no cuenta ya con el respaldo mayoritario de su Congreso, avanza resueltamente a darle una salida al drama de la inmigración extranjera en su país lo que conseguirá antes del fin de su mandato, al tiempo que le ha ofrecido a sus compatriotas continuar actuando diligentemente desde la Presidencia en todo aquello que le sea permitido, dentro del sacrosanto apego por la independencia de las instituciones.  

Le quedaba la inefable Cuba en esa agenda de sus “pendientes” y, junto con ello, asumir una posición clara ante el Continente en torno a la defensa de las libertades individuales y de los derechos fundamentales así como en torno al destierro de la corrupción. A Cuba Obama le acaba de lanzar un cabo y le ofrece la oportunidad de retornar al camino del progreso para su pueblo después de medio siglo de destrucción económica y de aislamiento. Le ha tocado a los Castro admitir, con esta vuelta al redil, el dramático fracaso su gestión. 

Es así como, sin levantar la voz y sin proferir insultos, con este histórico viraje cubano, Obama deja a nuestro gobierno huérfano de amigos sobre quienes fundamentar su trasnochada revolución. Pero también huérfano de enemigos a quien endosarles el descalabro actual venezolano.

Las  sanciones impuestas a líderes gubernamentales- o cercanos al gobierno- cuyo desapego a la democracia y a los derechos humanos es flagrante, no constituyen sino una acción más de avance de un hombre-  Barack Obama-  que sabe esperar para dar, cuando corresponde, pasos contundentes.

Un hombre que  no abandonará la presidencia con tareas pendientes que resolver.