• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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OEA: separemos los moros de los cristianos

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Se equivocan mucho quienes piensan que la OEA tiene entre sus funciones la de resolver las crisis humanitarias de los Estados miembros.

Comencemos por separar los moros de los cristianos de manera de no generar falsas expectativas y de no presentar escenarios alejados de la realidad.

Una cosa es la dramática situación de destrozo económico, social, de salud y de criminalidad que esta revolución ha producido en el país, comenzando por el gobierno de Hugo Chávez y continuando con el de Nicolás Maduro, y otra muy diferente es el secuestro de la democracia que el actual presidente ha promovido y está manteniendo a costa de lo que sea para mantenerse en el poder.

Tengamos claro que, por atroz e invivible que sea la situación económica, la escasez, el desabastecimiento, la inflación, el problema de salud, el crimen desatado y el narcotráfico, todo ello es la consecuencia de la aplicación de un modelo equivocado por parte de un puñado de funcionarios ineficientes además de corruptos. Es la incompetencia gubernamental lo que nos tiene sumidos en la peor de las crisis que haya vivido un país en el continente.

El que ese desgobierno y el saqueo del país en el mejor momento económico de su historia haya redundado en una crisis humanitaria lo estemos padeciendo los venezolanos y el hecho de que necesitemos ayuda desesperadamente es una verdad de tamaño colosal, lo reconozca o no el equipo de gobierno. Pero la OEA no tiene atribuciones para actuar en ese campo.

Sí las tiene, sin embargo, para actuar en torno a los derechos humanos y en torno al imperio de la democracia en los países miembros de la organización.

Luis Almagro presentó ante el órgano garante de la democracia continental un informe muy exhaustivo y veraz sobre cada uno de los elementos de nuestro drama actual, lo que sirve para ilustrar y es útil a cualquiera para entender los entuertos que nos aquejan hoy. También el secretario puso en evidencia cómo el descalabro venezolano está provocando un malestar colectivo que se expresa en desórdenes continuos en las calles y saqueos, lo que ha traído como consecuencia inestabilidad en el gobierno, acentuación de su autoritarismo y la centralización del poder en el Ejecutivo. El secretario de la OEA tiene razón en sostener que la democracia ha sido secuestrada y que la OEA debe considerar el tema para conseguir una solución política a un país que avanza hacia la ruina y hacia el caos social.

La invocación de la Carta Democrática cumplirá con el propósito de exhibir los problemas venezolanos internacionalmente y allí está su aporte positivo porque de ello se constituirá en un elemento de presión para motivar una corrección de la actuación gubernamental en lo político.

Pero lo que no se resolverá con una votación en la OEA para imponer sanciones a Venezuela, ni siquiera en el caso en que todos los miembros alcen su mano a favor, es la crisis humanitaria del país, ni su reacomodo económico. El regreso al curso ortodoxo democrático depende solo de la voluntad de quienes nos gobiernan de respetar los principios que les son inherentes. El descalabro en los demás terrenos sí es posible corregirlo si se une la voluntad del gobierno y la de la oposición, y para ello es posible que un diálogo nos pueda hacer avanzar. Solo que una cosa prela a cualquier entendimiento y es el respeto a las libertades y a los derechos fundamentales. Sin ello, no es posible avanzar ni un paso.

Mientras tanto, no pongamos todos los huevos en una misma canasta al generar la expectativa de que una medida de sanción contra Venezuela por parte de la OEA puede resolver nuestras dolencias de cada día. El organismo, simplemente, no tiene facultades para ello.