• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Moscas y Tigres tras las rejas

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El resto de su vida lo pasará en prisión el más alto funcionario de seguridad del gobierno del presidente chino Xi Jing Pin al haberse convertido en el nuevo foco de atención de la campaña de adecentamiento del gobierno y del Partido Comunista. El juicio que dictaminó la dura sentencia de prisión perpetua a Zhou Yongkan hace pocas semanas fue mantenido en silencio desde sus inicios hace dos años, pero en voz baja todos comentaban lo que sería el duro fin de quien fue la mano derecha del mandatario en asuntos de seguridad interior, por haber metido la mano en negocios turbios y tráfico de influencias.

Desde su advenimiento a la cabeza del Partido Comunista y poco después a la cabeza del gobierno, Xi se dedicó no solo a hurgar en cuestionables negociados que se producían aguas abajo en la cadena de autoridad, sino además a hacerles ver nítidamente a sus colaboradores de todo rango cuál podría ser el fin de su carrera si eran atrapados haciendo parte de los mismos.

Tanto a los “tigres” o jerarcas comunistas como a las “mosquitas” o funcionarios de bajo rango en la administración –como los ha calificado el propio presidente– la advertencia fue temprana e inequívoca.

Sin previo aviso de sus superiores, contingentes importantes de oficiales gubernamentales eran sustraídos unas horas de sus ocupaciones habituales, un día cualquiera de una semana cualquiera, para llevarlos en transportes colectivos a hacer una visita de cortesía a aquellos colegas que ya habían recibido, en pellejo propio, el peso entero de la ley anticorrupción y reposaban con sus huesos en prisiones estatales.

La Comisión Central para Inspección Disciplinaria, desde el año 2012 hasta nuestros, días había sometido a investigación a más de 120 altos oficiales por corruptelas y se cuentan por decenas de miles los ciudadanos privados de libertad en los estratos administrativos inferiores. Se evidenciaba así que el apego de Xi a esta limpieza de sus cuadros oficiales no podía ser ignorado.

Además, algunos casos ejemplarizantes no han dejado duda entre la población que la cosa va en serio. Ya en el año 2013 otro sonadísimo caso, el de Bo Xilai, también un alto funcionario del buró del PC, había marcado el tono de lo que sería una guerra sin cuartel contra corruptelas protagonizadas desde dentro de las filas del Ejército de la Revolución o del Partido Comunista, sin miramientos en cuanto a los cargos que los acusados ocuparan.

Si en el caso de Xilai la alta jerarquía permitió que los ríos de tinta derramada por la prensa local alcanzaran la prensa mundial, de manera de explicitar las verticales intenciones del mandatario, en esta ocasión ha sido más hacia el interior del país que el mensaje ha sido dirigido. Hasta las filtraciones de torturas infringidas a los acusados forman parte del menú puesto a la disposición del público interesado en conocer los pormenores de los casos. Zhou, como figura cimera del partido y como el oficial de más alta gradación acusado de corrupción, es bastante más protuberante que Bo y más cercano aún a Xi, de allí que el primero haya sido convencido de que ganaba más admitiendo su culpabilidad que esquivándola.

Dentro del corolario de este episodio, lo que sí ha quedado demostrado para quienes están al servicio de la República del Pueblo es que autodisciplina e integridad son exigencias inexcusables de la actual administración.