• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Machismo: una tara cultural

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Defender en China los valores de la no discriminación femenina equivale a arriesgarse a ser arrestada y terminar  en prisión. El año pasado se contaron por  decenas el número de mujeres que fueron detenidas por haber hecho pública alguna campaña en favor de los derechos de sus congéneres o por haber participado en alguna gesta a favor de la igualdad. Tal cosa en un país que pretende ser considerado una gran potencia no puede calificarse sino de paradoja.

Un artículo publicado a mediados de 2015 en  el The New York Times relataba las odiseas sufridas por un conjunto de activistas femeninas y  comenzó a arrojar luces sobre una distorsión social que alberga  el gran gigante asiático y que solo ha pasado desapercibida a escala global debido a la actitud acomodaticia tradicionalmente asumida por las féminas de ese país y por  el contundente silencio impuesto a quienes ya se rebelan contra las atrocidades que ello representa.

La discriminación hacia la mujer no se manifiesta solo a  través de actitudes excluyentes en el trabajo o en los estudios. Un hecho muy visible es que  en las ciudades y en los sitios de alta afluencia de ciudadanos, el número de baños públicos para hombres supera considerablemente a los que están dedicados a las mujeres.  Estas son consideradas ciudadanos de segunda que no merecen la asignación de  un sitio dedicado expresamente a que ellas puedan satisfacer  necesidades tan  primarias como la de orinar.

Pero hay más grave que ello. De acuerdo con lo que afirman las valerosas activistas del feminismo, lo más generalizado y aceptado en los hogares chinos es el maltrato a la parte débil de la ecuación familiar: las esposas y las hijas. De hecho, un estudio efectuado en 2015 por los órganos de Naciones Unidas ha puesto de manifiesto que uno de cada dos hombres abusa o ha abusado sexualmente de sus parejas. En los colegios de la provincia, el abuso sexual de las niñas es corriente frente a la pasividad de las autoridades estudiantiles lo que pone en evidencia una deficiencia cultural grave. 

Hoy, viendo este tipo de aberraciones ocurrir desaprensiva y  abiertamente, se han organizado protestas y, sobre todo,  se ha planificado la toma de conciencia colectiva a través de las redes sociales. La juventud está  respondiendo a tales iniciativas y algún efecto movilizador de las autoridades se ha conseguido, hasta el punto de que en diciembre, luego de haber constatado que 25% de las mujeres casadas sufren de violencia en el seno de su hogar,  se consiguió poner en vigor una ley que intentará penalizar estas conductas.

Pero hace falta más que una ley para desterrar las conductas machistas y el conformismo de la mujer.

También existe la convicción de que hasta que la comunidad internacional no ejerza una presión contundente en torno a este tema,  que se ponga de relieve las atrocidades que allí se practican y que exija la corrección de tales déficits sociales, el control de las autoridades sobre la ideología se continuaré ejerciendo y la violencia familiar y la discriminación seguirá practicándose en desmedro de la mujer china.