• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Honra y suicidio

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Cada año más de 350.000 personas usan su propia mano para quitarse le vida en China, siendo esta la primera causa de muerte entre los jóvenes del gigantesco país, particularmente en las zonas rurales. Cerca de dos millones de ciudadanos lo intentan cada año.  De todas estas muertes auto-infligidas dos tercios corresponden hoy al sexo femenino.

El suicidio en ese país ha sido tradicionalmente un asunto cotidiano bien aceptado como una decisión personal. Una decisión  percibida sin el componente de rechazo, tragedia o fatalidad con que se aborda en países de Occidente.

La filosofía confucionista, de la que la sociedad china está tan imbuida todavía en esta etapa de su milenaria Historia, pregona una actitud ante la muerte que transforma al suicidio en un hecho natural y respetable por parte del entorno inmediato del individuo y de la sociedad en su conjunto. No existe en China ni una  religión ni una doctrina moral que execre esta práctica ni una ley que la persiga como un crimen o como una distorsión social. 

La mayor parte de las veces el concepto de la honra y la respetabilidad que se percibe como mancillada por parte del suicida tiene que ver con su decisión. O el hecho de quitarse la vida forma parte de un proceso de protesta silente. Esta última vertiente explicaría el crecimiento de los suicidios entre las jóvenes de las zonas rurales, quienes dan el fatal paso tras haber sido obligadas a abortar por las disposiciones de control de la natalidad previstas en la política de “un solo hijo” o lo usan para protestar por el maltrato y la violencia – hechos trágicamente frecuentes– que sufren en el seno sus hogares.

Sin embargo, el incremento de las cifras de suicidios que ha ido de la mano con la modernización y apertura del país ha convertido a este fenómeno en un problema sanitario de primer orden. Incluso las autoridades, en la medida en que el país se abre a otras corrientes de pensamiento, han considerado adecuado diseñar un plan nacional para estudiar su alcance, determinar sus causas y trazar un programa de prevención.

Porque es que además, nuevas causas están haciendo crecer otros tipos de suicidios. En los últimos 7 años, 70 altos oficiales del Partido Comunista han usado ese curso de acción a raíz de haber sido investigados por corrupción en el manejo de sus cargos. A los peces gordos suicidados se han sumado docenas de funcionarios en los cuadros medios de la administración estatal y regional y llegan a alcanzar los cientos de miles en los segmentos más bajos.  Estas  “muertes de origen no natural”, como se les conoce, asociadas a investigaciones de corrupción revisten una finalidad diferente, que las distingue del suicidio encaminado a lavar  problemas de honor de épocas pretéritas o al suicidio de protesta.

Buen número de estos acusados a lo que apuntan es a que con su muerte voluntaria, no se conozca la ubicación de los fondos mal habidos, se detengan las investigaciones que pesan sobre sus grupos familiares, mientras estos puedan conservar los proventos del “negocio” y  se protege a cómplices y asociados.

Una forma de “occidentalización” perversa de los suicidios estaría tomado el relevo. Los valores culturales que daban pie a los suicidios por motivos de honra, en estos casos brillan por su ausencia. Lo que se manifiesta es puro interés económico y el temor reverencial  a castigos más feroces que la propia muerte.

En definitiva, una dramática sustitución de valores está teniendo lugar en el proceso de transformación de China en un Estado moderno.