• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

Falsas como un billete de tres dólares

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La desaceleración de China es un fenómeno que se vive con preocupación. La angustia mundial por las secuelas de un frenazo económico puede verse o bien temperada o bien agravada en función de la fidelidad de las cifras con las cuales los expertos elaboran los escenarios de evolución.

Habría que poder desentrañar cuáles son los indicadores económicos confiables para poder discernir sobre las consecuencias de un decrecimiento en la potencia asiática, ya que, tal como lo señalan multitud de estudios, las cifras macroeconómicas que emanan de las autoridades chinas pudieran ser tan falsas como un billete de tres dólares.

Para nadie es desconocido que China ha decidido deliberadamente ponerle bridas a su crecimiento económico. Pero los signos que comienzan a aflorar de un enfriamiento más profundo que lo planificado en Pekín tienen a todo Occidente en ascuas. Veamos: la inflación del país es la más baja del último quinquenio, los precios de los commodities se están viniendo al suelo, el consumo no se ha descolgado pero va creciendo a la tasa más baja de la última década y la inversión se está contrayendo. La deuda como porcentaje del PIB ha pasado de ubicarse en 150% hace unos 5 años a encontrase hoy por encima de 250%, cifra altamente preocupante.

Más que nunca se hace indispensable que el mundo se entere de si esta desaceleración se está produciendo dentro de los límites de lo previsto o si la misma se le está yendo de las manos a los planificadores, a la vez que tener una clara percepción del comportamiento de cada segmento de actividad económica.

A los líderes chinos no parece quitarles el sueño que este año el crecimiento de su economía esté por debajo de la meta anunciada de 7,5%, como ya han admitido, pero al resto del mundo sí. La razón es que las autoridades económicas chinas prestan más atención a la creación de empleos que a otros indicadores y, según sus propios anuncios, esta variable se mantiene en niveles saludables. 

La realidad parece ser que en el sector industrial y manufacturero el empleo se ha estado contrayendo desde el año 2011 pero en el de servicios sí habría un modesto crecimiento. Sería vital que exista transparencia en torno al manejo de esta información de manera de poder determinar cuál es el impacto verdadero de la dinámica del gigante. Las autoridades intentan transmitir a terceros la sensación de que mantienen las riendas cortas a la economía en este terreno cuando han anunciado al mundo desde el Foro de Davos la creación de 10 millones de empleos en los últimos 8 meses.

Cifras confusas en cuanto a la evolución de la estrategia de manejo de su economía le agregan inseguridad a los mercados e impiden una planificación adecuada a terceros países, que sin duda son arrastrados por el comportamiento de quien hoy ostenta la primacía económica mundial. El secretismo es una herramienta política que sirve a muchos fines internos, en donde la información es altamente controlada. Y para fines externos, donde la manipulación de cifras es la regla para demostrar que se está “en control”.

De la salud de la economía china depende la estabilidad de una buena parte de sus mejores socios comerciales y del mundo en desarrollo. Y, sin embargo, no ha llegado aún el momento en que Pekín se percate de que la consistencia es el instrumento que mejor paga y el que promueve las mejores relaciones económicas.