• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

Época de vacas flacas

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Toda operación comercial, todo arreglo financiero tiene dos lados: el acreedor y el deudor, o el proveedor y el comprador. Todo compromiso de negocios, igualmente, involucra el entendimiento de dos partes. Cuando un desencuentro, un incumplimiento o una falta ocurren en estas operaciones bilaterales en el ámbito internacional, uno de los dos queda lesionado con daños económicos inconvenientes y, en algunos casos, de consideración.

Pues bien, las faltas del Estado venezolano en el campo de la provisión de dólares a los importadores, así como los distintos incumplimientos en el manejo de los contratos y acuerdos con terceros han estado afectando a un número significativo de contrapartes de negocios privados y públicos en el exterior. No son sólo los representantes del Gobierno chino quienes están levantando una voz de alerta sobre el manejo inadecuado de sus compromisos y el descalabro evidente de la economía venezolana al negarse a nuevos financiamientos al gobierno revolucionario.

Ya los empresarios en aquellos países que durante la pasada década estructuraron buenos y jugosos negocios han comenzado también a alertar a sus gobiernos sobre la fragilización de la relación bilateral con nuestro país como consecuencia no sólo de la falta de recursos venezolanos para pagar las compras o para honrar las deudas, sino como corolario inevitable del agotamiento de este modelo económico. Argentinos y brasileños, por hablar de los más cercanos, sudan frío hoy pensando en la consecuencia de un desconocimiento de sus deudas comerciales debido a un reacomodo cambiario o a una devaluación en Venezuela.

La reacción china es una campanada de alerta para quien aún desea efectuar operaciones con un país que hace aguas por los cuatro costados. El Gobierno y las empresas chinas no están actuando diferente de como lo haría el Fondo Monetario Internacional si fueran sus recursos de financiamiento los que estuvieran en juego en esta mala hora del país.

Nuestros socios asiáticos lo que hacen es exigir un manejo ortodoxo de las variables macroeconómicas, eficiencia y probidad en el uso de los recursos y cumplimiento de los acuerdos que se han respaldado con dinero. No se trata de una fórmula mágica, sino la misma y tradicional obligatoriedad del deudor frente al acreedor de manejar su relación con cordura, con corrección y con eficiencia.

Se va quedando sola Venezuela después de tanta magnanimidad. Financiar a Pdvsa y a la economía enclenque cada día nos costará más intereses y, una a una, nuestras contrapartes exigirán corrección y cumplimiento –como los chinos– o evitarán relacionarse comercial y financieramente con el país. Vienen épocas de vacas flacas.