• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

¿ELN en el bote?

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“O remamos todos o no nos quedamos a flote” es lo que pudiera tener en mente el ELN con la insistencia en iniciar un proceso de desmovilización del corte del que ya adelantan las FARC con el gobierno de Juan Manuel Santos, pero, claro, con mucha menos capacidad negociadora y con una fuerza de combate más disminuida aun que la de los criminales de la otra guerrilla. Los elenos, quienes hoy dicen tener 2.500 hombres en armas, no han pasado nunca de la fase exploratoria cada vez que han hecho conocer al país su “buena voluntad” de entregar las armas, pero en esta hora otro gallo canta y no son ellos quienes llevan esa voz cantante.

Gabino, máximo jefe del ELN, anunció a los medios su “disposición de considerar” el desarme, lo que es un paso mayúsculo dentro de la idiosincrasia de los elenos, pero allí están todos claros en que no puede plantearse una copia al carbón de la negociación con sus pares de las FARC, quienes ya llevan dos años en un estira y encoge que le ha costado al presidente una buena cantidad de puntos de popularidad y que le ha proporcionado un doctorado a la población –políticos y de a pie– sobre este tipo de procesos. Hasta el punto de que todo el mundo se pregunta si a la hora de refrendar popularmente las negociaciones de La Habana no se irá el gobierno a encontrar con una sorpresa.

Por otro lado, multiplicar por dos –FARC y ELN– las concesiones ya otorgadas por los negociadores, presidente incluido, no es algo que el equipo estaría dispuesto a pactar en este punto y hora, ya que ello pudiera redundar en una aceleración del proceso de deterioro de la imagen presidencial.

Sin embargo, es innegable que estas conversaciones de paz han alcanzado más avances que ningunas otras, que no han sucumbido a pesar de los escollos y que “algún genero de paz” se convendrá,  así no sea lo que los libros ni la doctrina de la guerra definen como “paz” pura y simple.

Otro gallo canta también en el terreno de un abandono eventual y unilateral de las armas por parte de esta guerrilla, porque el componente de doctrina, en este caso, es muy superior al de  la insurgencia fariana, o habría que decir mucho más intrincado, porque a lo largo de los años este grupo de asesinos se han indo armando de un conjunto de teorías sobre el manejo de la sociedad y de la política en extremo complejo –la Teología de la Liberación, por ejemplo–, una razón por la que las tratativas con ellas no han pasado de los inicios. Poner sobre la mesa su pensamiento envejecido y contraponerles las doctrinas modernas de manejo del Estado, sobre todo ahora que al gobierno de Santos y a los anteriores les asisten los éxitos conseguidos en la consolidación de una economía fuerte, es una tarea irreconciliable. Así que habrá que comenzar por hallar otro asidero, si es que lo hay esta vez.

Las declaraciones del jefe máximo del comando central del ELN no pudieron ser más elocuentes esta semana. Dijo el terrorista al referirse a la oferta gubernamental de poner fin al conflicto y al llamado de Santos a una negociación con esta fuerza insurgente: “Si en este examen concluimos que no son necesarias las armas, tendríamos la disposición de considerar si dejamos de usarlas”, pero aclaró sin ambages que su concepción de la paz no tiene que ver solo con la dejación de las armas sino con un proceso en el cual “la sociedad haga parte de la construcción de una transformación que necesita Colombia”.

La iniciativa de los elenos, en el año en que cumplen cinco décadas de su nacimiento, es, al menos, un buen augurio. Que esté teniendo lugar por agotamiento guerrillero eleno, por afán de revivir el protagonismo que ha perdido, por deslindarse de las FARC o por pretender beneficiarse de los avances alcanzados por sus colegas terroristas, por modernización de sus trasnochadas doctrinas y estrategias, o por la convicción de que pierden más sin estar en el bote de la paz, cualquier motivación es bien recibida. Así las cosas, Santos arranca el año con el plato lleno en el terreno de la pacificación de su país y dos frentes que atender con igual tenacidad.