• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Devaluación humana

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Se cuenta ya por decenas de miles el número de jóvenes que han desertado de nuestro país en búsqueda de futuro. Ya no existe la patria confiable capaz de asegurar un ambiente proclive al crecimiento de los individuos. La violencia callejera no permite trasladarse en paz ni desde los barrios ni desde las urbanizaciones a los centros de estudio o al lugar de trabajo, por igual en las ciudades que en el campo. Al ambiente de zozobra se une el destrozo económico dentro del cual hay que intentar sobrevivir y hacer sobrevivir a los suyos. El futuro luce negro y no hay en el panorama la evidencia de una voluntad de cambio que permita pensar en el mejoramiento de las condiciones de vida.  El mundo igualmente transita difíciles momentos de turbulencias pero, fuera de las propias fronteras, ofrece, al menos, oportunidades de progreso para quien se esfuerza y un medio en el cual desempañarse en relativa paz.

Falta el dinero para aventurarse hacia tierras más prometedoras pero aun así, nuestros muchachos encuentran que con mucho empeño es posible salir adelante. No es posible culparlos por pensar que la grama puede crecer más verde en otros lados porque todo alrededor de ellos en su propia tierra , luce devastado, desértico, aun para quienes cuentan con un ingreso fijo.

La consecuencia es que quienes se aventuran por fuera de las fronteras no son siempre los que, sin formación y sin un trabajo, consideran que en cualquier sitio estarán mejor que aquí. Esos cuentan con todos los números para que la experiencia sea devastadora y el retorno más destructivo aun. Cantidades enormes de jóvenes bien formados, profesionales y técnicos a punto de formar hogares o de venezolanos estudiados ya con familias a cuestas, no hallan una salida en el país que no sea la de un ingreso irrisorio con ninguna posibilidad de ahorro  ni de progreso. Y luego está la violencia que cunde en las calles y en las casas porque ningún espacio está vetado a los criminales.

Esta, la de las deserciones y la devaluación de hombres y mujeres eyectados por el destrozo de los últimos tres lustros, es una de las manifestaciones de la debacle en que vivimos todos, revolucionarios y opositores. De esto no se habla tanto, pero se está convirtiendo en otro elemento resaltante de un país que se hunde en medio del abandono de sus gobernantes.

Habrá quien asegure que el tema tiene sin cuidado al gobierno y que más bien su intención es estimular la salida de quienes no son contestes con los propósitos y métodos de la revolución y quienes adversan este estado de cosas. Esta es otra de las manifestaciones no solo de la incapacidad de quienes tienen por única función diseñar, perseguir y mantener un modelo de progreso para todos. Es otra manifestación de la indolencia hacia la devaluación de humana que está ocurriendo frente a nuestros ojos.

Pero no. El tema si lo observan con atención desde todos los puestos claves del PSUV y del ejecutivo, pero no para ocuparse en resolver la deserción. Es para convertirse en parte de ella y poner a salvo a sus hijos, a sus mujeres, y a sus bienes y dineros malhabidos.