• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Desaceleración y oportunidades

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El frenazo experimentado por la economía china se ha instalado, es lo que indican las cifras oficiales. 7,5% de crecimiento en el segundo trimestre no es bueno. Lo positivo es que ­al contrario de lo que cabía esperar­ la desaceleración no fue mayor, y también es bueno que la tendencia muestre rasgos de estabilidad. La meta gubernamental consistente en generar este año una expansión del PIB nacional cerca de 7,5% parece ser ya un objetivo alcanzable.

Esta estabilización deja ver que en Pekín han estado haciendo lo correcto: dejar atrás los estímulos puntuales de corto plazo inspirados en el ensayo y error con que se corregían las distorsiones provocadas por la gran crisis económica mundial de 2008, para adentrarse en un nuevo plan de reformas que mira hacia el futuro con firmeza y que permite a propios y ajenos programar sus actividades económicas con el gigante.

Un crecimiento de la magnitud del esperado, incluso si retrocediera hasta 7%, sigue siendo robusto aunque sea la mitad del alcanzado en 2007 y aun cuando 2013 sea el año de menor crecimiento desde 1990. Para las economías mundiales que viven al ritmo de China, la mejor noticia es la de la estabilidad.

El asunto ahora reside en entender cuáles son las prioridades del manejo macroeconómico, y todo apunta a que el eje de la dinámica del coloso dejará de ser la construcción de viviendas y la infraestructura para hacer del gasto interno el motor de su expansión. Ello, a la larga, terminará por favorecer a los exportadores hacia China aun cuando los precios de las materias primas e insumos básicos hayan sido impactados en el pasado reciente por la caída en los precios internacionales.

Este modelo que preconiza el gobierno de Xi tenderá a expandirse con mucha lentitud, pero de consolidarse en una sociedad compuesta por 1.4 millones de ciudadanos convertidos en consumidores más prósperos, puede generar bienestar por doquier en el planeta.

La coyuntura actual tiene, sin embargo, sus aristas: una es que las cifras oficiales pudieran estar infladas, como resultado del secretismo imperante en todo gobierno de izquierda. La otra es que el país pueda resistir el retiro de los estímulos a las industrias exportadoras y a otras empresas que hasta ahora han sido apuntaladas con subsidios y que tenderán a mostrar, evidentemente, un peor desempeño y a producir desempleo.

La puesta más grande es de carácter cultural y consiste en hacer del consumidor el pivote de un nuevo modelo porque el ciudadano chino es, por diseño y por tradición, un ser de comportamiento austero, ahorrador y poco gastivo.

Aun así, la modernidad llega hasta China y los aumentos salariales que han intervenido en los últimos años han dotado de mayor holgura a los trabajadores y han conseguido que el hombre de a pie tenga una actitud más inclinada a dotarse a si mismo y de suministrar a su familia mayores elementos de bienestar. El coloso de Asia se encamina a representar este año 13% de la actividad económica mundial, lo que resulta ser un portento si se compara con la participación lograda en 2006, que no superó 5% de la dinámica global. A pesar de que parece estar tocando fondo, allí hay gran espacio para el aprovechamiento.