• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Curiosa oda china al pacifismo

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A escasos días de la histórica visita que Xi Jinping hará al presidente de Estados Unidos y que tendrá lugar la semana entrante, el jefe del gobierno chino quiso dejar claro ante el mundo su manifiesto deseo de convertirse en el salvaguarda de la paz planetaria. No lo hizo en un acto cívico público sobre el desarme ni en una conferencia internacional que deplorara los destrozos de las guerras. Para explicitar tal trascendental vocación pacifista y su inquebrantable deber de garantizar la tranquilidad de la humanidad, el momento fue sabiamente escogido. El más demostrativo acto de poderío militar, el desfile de equipamiento de guerra más colosal que se haya visto en la capital china fue el elocuente escenario seleccionado por sus autoridades chinas para mostrarle los dientes a la comunidad internacional y al propio tiempo mostrarse como el adalid de la paz.

El mensaje es harto paradójico porque este resulta ser el momento en el que los conflictos regionales y disputas limítrofes en los que China juega un papel preponderante están más activos. Decir que China recortará en 300.000 efectivos el número de sus soldados cuando en las últimas 2 décadas el presupuesto militar del país ha estado creciendo anualmente en porcentajes superiores a 10% es poco menos que una burla. Para respaldar su papel de garante de la paz, Xi no solo mostró el contingente de guerra de que disponen en su país a través del número de sus hombres –2,3 millones de efectivos bélicos– sino que se animó a mostrar la calidad y cantidad del armamento destructivo del que disponen.

En este desfile conmemorativo de los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial el Ministerio de la Defensa mostró, con orgullo, el sofisticado y potente arsenal de guerra del Ejército de Liberación del Pueblo. Parte estelar de este despliegue de material destructivo fueron los recién terminados  bombarderos de misiles de largo alcance –3.000 a 4.000 km de rango– diseñados para poder volver polvo, y sin defensa alguna posible, los portaviones que constituyen el eje de la fortaleza militar americana en el Pacífico.

En esta original oda al pacifismo no faltó la contundente aseveración de que China ni buscaba hegemonía en su región ni quería constituirse en una amenaza para sus vecinos. Pero este inusual posicionamiento en torno al mantenimiento de la paz resulta poco menos que desconcertante para los países de la región. Los presupuestos de guerra de Japón y Australia están siendo revisados al alza y la preocupación reina entre aquellos países ribereños del mar de China –Vietnam, Malasia, Filipinas, Indonesia y Brunei,  donde la presencia de buques con bandera  china se está haciendo más notoria–.

La actual visita amistosa de Xi al presidente Obama también ha estado precedida del simbólico gesto del envío de  buques de guerra chinos a Alaska para ejercicios de maniobras conjuntas con Rusia, en un claro mensaje sobre la solidez de su propósito de convertirse en un elemento esencial de la seguridad mundial.

De una manera deliberada esto no se constituye en un amenazante mensaje para la hiperpotencia militar que es hoy Estados Unidos .Todo lo anterior parece ser simplemente un velado mensaje al mundo de que la paz solo se garantiza armándose hasta los dientes y rugiendo como un dragón.