• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Comparaciones odiosas, pero útiles

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Todas las comparaciones resultan odiosas, menos cuando la flagrancia de lo que se extrae de ellas es más ilustrativa y elocuente que cualquier otra argumentación. En el caso de Colombia y Venezuela, dos países contiguos geográficamente, de orígenes similares y de sociedades cercanas en apariencia, comparar es lo que corresponde para poner de relieve las distorsiones que aquejan al lado flaco de la ecuación: Venezuela. 

Desde el 30 de diciembre el salario mínimo de Colombia ya es firme para 2016 y se ubica en   689.000 pesos, lo que equivale a 220 dólares.

Así lo establece el decreto 2552 firmado por el Ministro de Hacienda y el del Trabajo, lo que le dió luz verde a un incremento de 7% con respecto al año 2015. El subsidio de transporte subirá 5 % y quedará en 77.700 pesos, con lo que el mínimo más el subsidio, generarán una remuneración global mínima de 767.000 pesos o US$ 245.

Si lo comparamos con el venezolano tendremos que el salario mínimo con el que se inaugura 2016 es de casi 10.000 bolívares (redondeados) y a ello se le suman otros 6.500 que corresponden al bono obligatorio de alimentación. Al transformar a la divisa americana estos casi 16.500 a dólares pasa lo siguiente: Si los dólares se calculan a 100 bolívares por dólar, una tasa supuesta que resulta de considerar el promedio de la mezcla de los bienes y servicios que consume un ciudadano corriente en función de la tasa de cambio del dólar que se le aplica a ellos, el salario mínimo de este lado del Arauca se transforma en 165 dólares. Si, más apegados a la realidad de hoy, se le aplicara una imaginaria tasa del mercado de 840 bolívares por dólar, por ejemplo, el salario básico venezolano andaría por el orden de los 19 dólares de Estados Unidos. Escojan cualquier tasa de cambio intermedia entre 100 y 840 para ver como quedamos en comparación con el salario mínimo del país más cercano geográficamente a nosotros.      

La otra comparación que hay que hacer es la de la inflación. Mientras en Venezuela los optimistas consideran que la inflación estuvo cercana este año a 80% en el año 2015 – eso sostuvo el gobierno al fijar el salario mínimo- en la vecina tierra neogranadina el incremento de precios del año cerró en 7,16%. 

Cuando uno se pregunta por qué el trabajador colombiano está retornando en avalancha a la tierra que los vio nacer, he allí la evidente respuesta.

 

Dos poderosas aberraciones legales serian convalidadas con el nuevo régimen legal que nacerá luego del referendo que surja de las conversaciones de La Habana. La nueva jurisdicción para la paz considerará al narcotráfico como conexo al delito político, con lo cual las penas que se le apliquen a tal lacra social de primer orden serán de la misma naturaleza. Pero no es solo eso, también se asimilarán a la condición de delitos políticos, los secuestros de los miembros de la fuerza pública. Solo hay que imaginar que si la actividad del narcotráfico migra a Venezuela, como de hecho ha estado ocurriendo y los criminales capturados en Venezuela fueran objeto de extradición a Colombia, las penas que les aplicarían serían las mismas que las de un delincuente político, sin importar la extensión de los daños causados a la humanidad. Constructivo, ¿no?

 

3.000 kilos de droga es el peso del cuantioso botín que la policía colombiana detectó y capturó dentro de un submarino casero de los que suele usar los criminales aliados de las FARC para ejecutar sus tropelías en el terreno de tráfico de estas sustancias. Ni siquiera el hecho de que los jerarcas de las FARC se encuentren ya en las últimas de las conversaciones de Paz de La Habana, inhibe a las fuerzas guerrilleras de continuar protagonizando crímenes en todos los terrenos. La estructura delictiva continúa trabajando como si los temas políticos que se dirimen en la capital cubana no les afectara en absoluto, ni conllevara a un cambio de actuación y un compromiso serio con el país colombiano. Peor aún, todo un tinglado de sofisticada tecnología se ha armado con la idea de permanecer en el tiempo al frente del negocio del narcotráfico, gracias a los jugosos beneficios que se extraen. Con sus proventos unos cuantos siniestros personajes armarán muy abultados capitales personales y otra importante tajada se usará para continuar financiando actividades terroristas contra el capitalismo y las acciones guerrilleras que operan del lado venezolano de la frontera.