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Beatriz de Majo

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Beatriz de Majo

Colombia gana con Capriles

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Henrique Capriles Radonski será el próximo presidente de los venezolanos. Para los países relacionados de manera estrecha con Venezuela, el fin de la era Chávez puede representar un giro muy importante en la manera en que las relaciones bilaterales se desarrollan. En el caso de Colombia un cambio cualitativo en la conducción del país solo mejora los escenarios de interacción.

En tres terreros la dinámica entre los dos países puede cambiar sustantivamente: en lo económico y comercial, en lo político, y en el área de seguridad. Nos referiremos solo al tema económico por cuanto es evidente que una sintonía entre los dos países en materia de manejo democrático, de respeto de los derechos ciudadanos, de combate al terrorismo y a la droga solo abona a mejores y más estrechas relaciones.

En materia económica y comercial, un viraje hacia un ambiente de libre mercado y de menos controles estatales también juega a favor de consolidar el camino de integración binacional que se detuvo con la salida de Venezuela de la comunidad andina.

Los intercambios con Colombia se han deteriorado de manera sensible, aun después de que los dos mandatarios recompusieran las relaciones. La realidad es que si bien el comercio se ha dinamizado algo en los dos últimos años, ni de lejos alcanza los fenomenales niveles que logró en años pasados. Colombia alcanzó a colocar en suelo venezolano más de 6 millardos de dólares en productos provenientes de sus industrias con lo que se beneficiaron centenares de familias que laboraban en los sectores favorecidos.

Lo que hay en el trasfondo de la lentísima recuperación comercial es que la voluntad de interacción es débil y lo que si prima, es la determinación del gobierno revolucionario venezolano de beneficiar a otros países con los que mantiene una identidad ideológica, que evidentemente no existe entre Hugo Chávez y su buen amigo de hoy, Juan Manuel Santos.

Hace rato que Brasil, Argentina y en menor grado Uruguay y Ecuador desplazaron a Colombia dentro de la cesta importadora venezolana, a pesar de la inmensa ventaja competitiva que Colombia mantiene en relación con estos competidores: cercanía geográfica, facilidades y costo de transporte desde la nación vecina, probado conocimiento. La discrecionalidad imperante en la asignación de divisas preferenciales para importación y en los trámites y permisos sanitarios en nuestro país, además, favorecen a otros países en detrimento de las exportaciones de Colombia.

Todo parece indicar que bajo el gobierno de Capriles, cuando la manipulación perversa que juega en contra de las libertades económicas sea cosa del pasado, se producirá una repotenciación de la relación bilateral.