• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Colombia en cápsulas
Medidas inamistosas

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Dicen las autoridades fronterizas que 432 personas están presas por incurrir en el delito de contrabando de extracción hacia Colombia, que están retenidos 352 vehículos involucrados en los delitos y que fueron desmanteladas 62 bandas delictivas. Aseguran igualmente que han sido incautadas más de 4.000 toneladas de alimentos en la frontera. ¡Enhorabuena!

Pero el cierre de la frontera colombo-venezolana ha sido una medida que ha puesto otra piedra en el zapato de la relación bilateral. No solo ella ocurrió a espaldas de lo conversado entre los dos presidentes en una reunión cumbre en cuya agenda el tema del contrabando de extracción fue el plato fuerte, sino que, además, el gobierno ha ensordecido ante el malestar generado por la implementación de la medida en la región fronteriza.

Sin mencionar el hecho de que “estratégicamente” el tema del contrabando hacia Colombia le ha sido útil al gobierno de Maduro para esconder el bulto de su evidente responsabilidad de cara al grosero desabastecimiento nacional. En esto, por fortuna, no engañan a nadie.

La opinión colombiana es que la medida del cierre fronterizo es buena solo para entorpecer el comercio y la vida ciudadana, pero no así para resolver el contrabando de extracción.

Es preciso reconocer que las fuerzas del orden venezolanas se han activado para intentar desmontar parte del tránsito ilegal y han conseguido importantes logros en el desmantelamiento de bandas y en la captura de alimentos y de vehículos dedicados al negocio, pero deben reconocer que el comercio ilegal no se materializa a través de los pasos custodiados por las autoridades militares y aduaneras, sino por los caminos verdes y que, mientras allí se ejerce una importante y útil vigilancia, la tarea de los dos gobiernos es la de facilitar y no entorpecer el tránsito legal y la cotidianeidad de los lugareños.

El tema será de nuevo motivo de conversaciones entre los cancilleres, y quizá Rafael Ramirez consiga entender mejor y convencer a los uniformados de que para que podamos hablar de hermandad y de cooperación con los vecinos lo que hay es que regular, pero al mismo tiempo activar y favorecer el comercio, generar confianza para la inversión y no dar un trato a los colombianos distinto al de los de otras nacionalidades al vetarles las remesas familiares.


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La prensa nacional refiriéndose a la Operación Centinela ha reseñado que Vladimir Padrino, jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, declaró que “en la lucha anticontrabando en Venezuela logró la retención este miércoles de 3.879 toneladas de alimentos subsidiados por el gobierno, así como 1.068 toneladas de alimentos para el consumo animal, y 1.307 toneladas de material estratégico. En los procedimientos se detuvo a 596 personas, de las cuales 432 están presas. De igual forma, se retuvieron 352 vehículos involucrados en los delitos y fueron desmanteladas 62 bandas dedicadas al contrabando de extracción”. De acuerdo con sus declaraciones “gracias a la implementación de las medidas contra el contrabando, Venezuela se ha ahorrado 96 millones de litros de combustible que estarían en la frontera”.

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En Colombia sobra conciencia de que una población bien informada sobre los peligros que corre es capaz de defenderse por sí sola. Mientras en Venezuela se hacen esfuerzos considerables por que la población no disponga de cifras sobre el avance del dengue y la chicungunya, y el secretismo impera en ese importante terreno de la vida nacional, en Colombia el propio ministro de salud, Alejandro Gaviria, confirmó que los casos por el virus del chincungunya en Colombia pueden llegar a los 700.000 a finales del año, los cuales se concentrarían en los meses de octubre y noviembre. Al parecer, con la llegada del virus de aquí a 4 meses se presentarían cerca de 700.000 posibles personas contagiadas en el país vecino, de las cuales 87.000 tendrían secuelas por los siguientes 2 años y, en el peor de los casos, 15 podrían morir.